Mi viaje en camión, de huevos (ida).

El horario ha cambiado. El tiempo por la mañana me da la sensación de que me rinde más. Me levanto y preparo un desayuno para papá y para mí. Los  huevos están muy caros, pero aún así siempre hay en casa y los cocino. Más bien a quien a veces le faltan huevos es a mi hermana, que no le gusta viajar en camión a la escuela porque dice que el chofer maneja espantoso y el camino es más largo que con otro medio de transporte. Ambas cosas son verdad, pero a mí me gusta mucho viajar en camión y observar las caras de las personas que suben y bajan, una por una. Usar el transporte público es una manera muy entretenida de ver la vida diaria de la gente, y a la gente por sí sola. Desde el chofer. La otra mañana estaba en su asiento esperando a que subiera la gente desayunando una torta con un huevo hervido adentro. Qué curioso. ¿Quién en esta puñetera vida desayuna un pan relleno de huevo hervido? Solo el chofer del camión que tomo. Me dio un poco de asco, pero verle la cara de alegría saboreando su torta de huevo duro fue grato. Seguro es muy cansado manejar todo el día un camión lleno de pasajeros, que coma entonces las tortas de huevo duro que se le apetezcan! Avanza el camión y apenas somo 3 o 4 personas. Todos huelen a recién bañados, incluyéndome. Son las 9.30 de la mañana. Uno de ellos estudia gastronomía, usa un pantalón de cuadritos blancos y negros y una filipina blanca con unos zapatos tipo Crocs pero que según yo son especiales pa’ los chefs. Las otras dos son mujeres adultas que seguramente van al trabajo. Una de ellas necesita un asesor de imagen, porque su pelo es de color amarillo paso zebra en las puntas y negro azabache desde la raíz, ¡qué huevos tiene esa señora para vivir con esa bicoloridad en la cabeza! La otra mujer usa muchos aretes en una de sus orejas y amaneció con ganas de pintarse los labios rojo carmín. Amaneció intensa. Tal vez vaya a ligar a la oficina, o tenga un galán en el trabajo, porque además viene bien entaconada. Sí, quiere un hombre. En una de las paradas sube un hombre que, o le gusta el viaje en camión como a mí, o su BMW está temporalmente en el mecánico y  no le gusta viajar en taxi, porque tiene pinta de pijo. A la mujer de labios rojos e intensos le llamó la atención, es obvio, y se movió un asiento para pegarse a la ventana y dejarle el lugar del pasillo a él, qué huevos. Él la ignora más que un pedófilo a Miss Universo, creo que está casado. Pobre mujer, no consiguió a ese apuesto compañero de asiento en su viaje al trabajo. Le deseo suerte por el resto del día. Ya estamos cerca de una avenida grande, ahí sube  mucha gente… Un par de amigos, van en preparatoria o secundaria. Están en la edad de la rebeldía, o de “la punzada” como dicen los adultos. En la aborrescencia, pues. Uno trae perforada la ceja y el otro apagó su cigarro mañanero antes de subir al camión. Qué huevos de esos fumadores para desayunar nicotina. Me dio más asco que la torta de huevo hervido del chofer. Ahora sube una mujer que creo que va al mercado, trae su bolsa de mandado y subió tomando algo en un  vaso de unicel. ¿Será champurrado, atole, café…? No sé pero al pagar el pasaje casi tira su bebida encima del hombre sentado en el primer asiento. Si eso hubiera pasado, le habría caído la bebida caliente en los huevos; imagino su cara de coraje a primera hora y  su expresión de sentir los huevos quemados. Habría llegado al trabajo con una mancha en el pantalón que haría creer a su jefe que sufre de incontinencia urinaria. Ese señor tiene un bigote de una naturaleza extraña. Una mezcla entre Pancho Villa y Hitler. Él, o no tiene espejo, o tiene muchos huevos. Habría que presentarle a la mujer de la bicoloridad en el cabello. Después de la señora del champurrado subió un hombre joven sombrerudo y también bigotudo (pero el modelo del bigote es más normal). Viene riendo con su amigo, que no usa sombrero pero sí gorra y playera del Cruz Azul. Eso es pasión a tu equipo. Los dos traen unas botas como las que yo uso cuando voy de campamento: de Bob el Constructor. De color amarillo paso zebra, como las puntas del pelo de la mujer. Seguramente su trabajo es muy pesado para usar ese tipo de calzado. Pasan junto a mí y me miran con deseo, los ignoro como el hombre pijo a la mujer intensa. Ya hizo otra parada el autobús. Los pasajeros son flojos: uno baja en una cuadra, y otro pide parada 30 metros después. Ahí sube una mujer rechoncha con su hijo cachetón con una sonrisa muy  grande los dos. Lo acompaña a la escuela, porque él está cargando su mochila azul de Angry Birds. Qué buen  gusto tiene ese niño para los juegos. Su mamá usa un escote muy pronunciado que distrae la mirada de los hombres que me miraron con deseo. También la miran con deseo a ella… o a su escote, a pesar de que probablemente les dobla la edad a ambos y viene con su hijo. Lo bueno que él aún es pequeño, si no les habría pateado los huevos por mirar así a su mamá. Yo por eso me puse una bufanda. Ya casi llegamos a mi destino. Pero antes sube un compañero mío de mi clase de Redacción. Nunca he platicado con él, pero reconocí su cara. No me saluda, qué mal educado. Yo tampoco a él, me da pena no sé por qué. El desayuno del chofer parece que le dio muchos huevos, porque acaba de rebasar a un Mini Cooper muy guapo cerrándosele violentamente. Casi chocamos, parece que no le preocupan sus pasajeros, ni su trabajo, ni su vida; al fin, desayunó una deliciosa torta de huevo hervido y con eso ya puede morir. La joven de ese auto tan estético le mentó la madre con el claxon. Ella también tiene huevos… y poca educación. Nos tocó el alto, y en el carril de a lado hay otro camión con un chofer que saluda al nuestro. Son colegas y amigos. Probablemente ese chofer le pasó el tip de desayunar torta de huevo hervido y tal vez al terminar el largo día manejando vayan juntos por una cerveza. Tengo desde anteayer un antojo grande de tomarme una cerveza. Pero ya estoy a una cuadra de mi bajada. No puedo describirles más, debo estar atenta a pedir la parada. Pero un último detalle: arriba del chofer el camión no dice “Dios está conmigo”, dice “La gente educada baja por la puerta trasera”. Pido la parada y, educadamente, bajo por la puerta trasera.

Observar e imaginar en mi viaje de camión, es de huevos.

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