México lindo y querido

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México es contraste y diversidad. Contrastes artísticos, arquitectónicos, históricos, ecológicos, geográficos, meteorológicos, musicales, sociales… Diversidad de colores, ritmos, sabores, plantas, animales, dialectos, bailes, música, artistas, gente. México siempre con el semblante alegre, aunque sus tiempos sean tristes. El único país que festeja hasta a la muerte; el único que canta y llora al mismo tiempo, … Sigue leyendo

Revelaciones divinas

Desde hace unos meses ese tema de la tauromaquia ha estado muy de moda. Sí, solo es eso: moda. De repente todos opinan, todos lo aman o todos lo odian. Es como con la política antes de las elecciones.

Tengo, como cualquiera, mis posturas respecto a estos temas, pero también respeto las contrarias (aunque muchas veces provoquen en mí un sentimiento de cólera que difícilmente logro contener). Y creo que es evidente que respecto al tema taurino, estoy totalmente en contra… de los que están en contra. Por diversas razones, pero la principal, la que la mayoría debate y pocos entienden: porque es un arte. Para quienes, con todo su derecho, quieren mandarme a volar con estas palabras, lo entiendo y no será la primera vez, pero creo que en esto –y muchos otros temas polémicos– hace falta que aprendamos a escuchar o leer con atención y respeto, para poder dejar a un lado nuestras ideas, los estereotipos y nuestras posturas “fijas” pero muchas veces poco fundamentadas.

Pasa como con los que son muy religiosos cuando dicen: “fue un milagro” o “fue una revelación”. Para mí el toreo y el flamenco fueron algo similar. Son cosas que por el contexto de tu comunidad, por la familia en la que creces, por el entorno en el que te desarrollas, por las habilidades y gustos que vas encontrando, por tus amistades… por las cuestiones que sean, se puede tener cierta atracción hacia el tema. Sin embargo, nada sale de lo común hasta que ese interés se profundiza después de una experiencia en concreto, y esas experiencias las he tenido en ambas cosas…

Recuerdo la primera vez que ví bailar a mi maestra de flamenco en una obra de teatro. No tenía más de dos meses que había empezado a tomar las clases con ella, me había gustado empezar con esa actividad, pero jamás pense que llegara a más. Entonces inexplicablemente, me di cuenta que entre el público y viéndola a ella bailar (que prácticamente apenas nos conocíamos) con un vestido con bata de cola rojo con lunares blancos, de repente empecé a llorar. A partir de ese instante supe que, directa o indirectamente, en mayor o menor intensidad, quería que el flamenco siempre fuera parte de mi vida. Ahora es una de mis mayores pasiones, me he ido hasta Sevilla a tomar un curso de verano (algo que jamás antes habían imaginado), y ella se ha convertido en una de mis mejores amigas, le he tomado un cariño y una admiración tremendos… Y, como quien dice, tiene bastante arte bailando, por algo la considero mi primera motivación.

Después de eso claro que tuve momentos similares en ese ambiente… Otra maestra, quien además de bailar es cantaora, me enchinó más de una vez la piel con su cante jondo tan apasionado. Sus palabras en clase no intentaban corregir técnica, sino que tenían toda la intención de contagiar pasión. En Sevilla además hubo dos ocasiones en los que los guitarristas me mantuvieron prácticamente con piel de gallina durante el solo de guitarra completo. Son sensaciones increíbles. Esta fue una de ellas… se nota, ¿no?

…Y respecto al toro, bueno pues hasta ahora han sido tres ocasiones. La primera: mi primer ida a la Plaza México, desde entrar y ver ese ruedo que parecía tan lejano viéndolo desde la entrada, hasta escuchar y sobretodo sentir los olés de una multitud en una tarde con buen cartel. Es una cosa impresionante, y que al menos una vez en la vida se debe disfrutar una tarde de toros en esa plaza. Una buena faena, con la Plaza México llena y su gente  voceando  olés, es una sensación indescriptible. La viví viendo torear al Juli, ahí mismo, arrimándosele al toro como pocas veces me ha tocado ver en vivo. La segunda experiencia: ver triunfar en una novillada a un conocido mío que, por razones específicas, sentí un gusto tremendo por una victoria ajena. Me emocionó, y me transmitió mucho. Y la tercera, la más reciente, tener la oportunidad de presenciar (aunque fueran solo novillos) una noche en la plaza de toros la Maestranza de Sevilla. Aunque las faenas no fueron para hacer historia, mi primera vez dentro de esa plaza es un momento que jamás olvidaré. Como la ciudad entera (Sevilla), esa plaza también emana una sobredosis de arte y magia, y es uno de los lugares más representativos dentro de lo taurino.

Estas, pues, han sido mis “revelaciones” en el mundo del arte de origen español (el toro y lo flamenco), y es por eso que quienes lo han alguna vez sentido así, saben a lo que nos referimos los aficionados cuando decimos “es un arte”, por muy “cruel” que parezca…  Y créanme, si algún día sienten algo parecido en cualquier tipo de arte (porque esto también puede pasar con algo inmóvil como las artes plásticas), sabrán entonces lo que es una revelación más divina que la de cualquier dios.

Sentir el arte. Porque es algo humano, porque por eso y para eso se creó, porque si no se siente no es arte, y si no es arte no se siente. 

-JGB

QUITÉMONOS AÑOS

Quitémonos años… No me refiero a que digan que tienen 30 cuando en realidad su edad es de 40 (y a veces hasta parecen de 50). Quitémonos años en la mente.

Hay personas muy inteligentes, hay personas muy dedicadas, hay personas muy formales, hay personas muy trabajadoras… pero el que es creativo, se las ingenia siempre para cumplir todo lo anterior. La verdad es que la creatividad puede llegar a ser una de las cualidades más valiosas en cualquier cosa. Me atrevo a decir que es, en efecto, la más valiosa y también la más divertida. De alguien (uno de los creativos más admirables que conozco) escuché que pensar como niño, imaginar como si tuviéramos 5 años, es la mejor manera de ser creativos, y la más efectiva.

Fue ahí cuando comprendí: “Sacar el niño que llevas dentro es mucho más útil de lo que imaginamos!!!”, y es algo que, desgraciadamente, los adultos siempre olvidan. Crecemos y las cosas empiezan a darnos pena, nervios, estrés, inseguridad, desconfianza. Todo es “grave”, todo es “muy importante”, y no nos damos cuenta que le estamos quitando la diversión a las cosas.

Me ha tocado convivir con muchas personas en clase que me sorprenden mucho, no sé cómo lo logran. Entregan siempre los trabajos a tiempo, son expertos siguiendo instrucciones al pie de la letra (cosa que a mí me cuesta demasiado), organizan a la perfección su tiempo distribuyendo respectivamente obligaciones y pasatiempos, jamás procrastinan porque no quieren que “les agarren las prisas” (cosa en la cual sí soy experta), siempre están APARENTEMENTE en paz porque ya adelantaron todas sus obligaciones, no hacen una sola línea sin regla (aunque la regla sea su credencial), escriben sus notas con al menos dos colores distintos de tinta, y si cometen un error al escribir más vale arrancar la hoja en caso de que no haya corrector a la mano… de verdad me impactan, todo les queda bonito, en tiempo y forma. Es sorprendente. Pero de repente llega alguien y les dice, “haz ahora algo nuevo: actúa, dibuja, habla, expone, CREA, canta, baila, ríe, IMPROVISA”. Entonces se quedan estupefactos con cara de “qué pedo este wey me está pidiendo que improvise, NO MAMES qué hago??? (no estudié ese tema, no lo preparé, no hice ningún borrador, no practiqué frente al espejo!!!!!)”. Ok, corrijo, esas personas tampoco suelen usar muchas groserías en su vocabulario. Tal vez estoy exagerando, pero ser creativo es eso, innovar, experimentar, improvisar, y no importa si las cosas no salen perfectas, pero basta con disfrutar lo que haces.

La vida NO es tan seria como creemos que es, y las cosas no salen tan mal si hacemos un mapa conceptual sin regla, o tachamos los apuntes con rayones quitándole toda la limpieza a la página. Hay veces que con esas imperfecciones el trabajo es aún admirable, la gente es más capaz por lo que tiene en la cabeza que por lo ordenado de su cuarto o lo impecable de su apariencia. En otras palabras, el contenido creativo de tus proyectos vale más que los colores, el tipo de fuente y si agregaste o no números de página. CREEME! Y eso no quiere decir que seamos informales, mal-hechos e irresponsables. No quiere decir que perdamos los pies del suelo, quiere decir que las cosas se deben tomar más a la ligera, hay que gozar más y sufrir menos. HAY QUE PENSAR COMO NIÑOS, ser CREATIVOS, hacer garabatos abstractos, letra fea pero obras maestras, y así, darnos cuenta que la vida… NO ES TAN SERIA como creemos que es. 

Manchémonos la ropa, que la pintura se quita.

El reflejo de nuestra personalidad.

Constantemente en la escuela hacen a los alumnos la pregunta: ¿para ti qué es el arte?. Muy pocos saben dar una respuesta bien estructurada, nunca sin antes tartamudear un poco o emplear muletillas con un aire dudoso. A mí misma me cuesta explicarlo, pero es un tema que me gusta meditarlo con frecuencia. 

Fácil, rápido y típicamente podría decirse que el arte es una manera de expresar nuestros sentimientos. Es muy cierto, pero yo encuentro esas palabras muy usadas y aburridas. Yo el arte podría definirlo como la manera más humana de demostrar nuestro lado humano. Suena ilógico y a locura, pero de eso se trata. Primero hay que pensar qué es lo que no diferencia de otras especies. Nunca he compartido la idea de que los animales no tienen sentimientos, porque yo misma he podido comprobar lo contrario con mascotas y mi adorable caballo. Lo que sí es verdad es que nosotros contamos con sentido común, usamos la razón, nos cuestionamos acerca de todo lo que nos rodea, tenemos inquietudes, y ahí puedo casi asegurar que no existen investigaciones o experimentos que den siquiera una posibilidad de que los animales también poseen estas características. En breve, creo que tanto los humanos como los animales tenemos sentimientos, pero solo nosotros somos capaces de cuestionarlos.

Entonces nuestro lado humano son esas inquietudes, esa imperfección que nos hace tan únicos. El arte es la manera más imperfecta de demostrar nuestras inquietudes. Hay obras maestras, pero no  hay obras perfectas, por el simple hecho de que un ser imperfecto no podría crear cosas perfectas, por muy cercanas que las encontremos a dicha perfección. Pero a pesar de eso, encuentro cosas pocas más valiosas que todas esas obras artísticas que el hombre ha sido capaz de crear.

El arte también es un reflejo de nuestra personalidad. No hace falta ir muy lejos… Todos los bloggeros (o escritores de ratos libres) podrían hacerse un auto-examen con la simple pregunta: ¿sobre qué sueles escribir?. Escribir también es arte, y no hace falta ser famosos para nombrarnos a nosotros mismos unos artistas. La respuesta en mi caso es: en primera escribo sobre lo que me apasiona (arte, flamenco, caballos, la vida…), en segunda sobre lo que me inquieta como ciudadana (mis inconformidades ante las injusticias), y en tercera sobre lo que vivo (anécdotas, experiencias, recuerdos).

Ahora vayamos un poco más lejos con las personalidades… las pinturas de Dalí son claras pinceladas que reflejan extravagancia, locura, sueños, surrealismo, abstracción, irrealidad, justo como se describe al artista en la mayoría de las publicaciones. Sus obras siempre estuvieron influenciadas por el psicoanálisis y los conceptos de Sigmund Freud. Dalí, un loco que pintaba con los sueños en la realidad de la vida. INQUIETUDES PLASMADAS.

Después quiero mencionar, claro, a mi Frida. Sus obras siempre reflejando ese amor por su país, ya sea por críticas hacia la sociedad norteamericana, o simplemente sus autorretratos con vestimentas típicas mexicanas, y también ese dolor tan representativo de sus obras y su vida entera. Una personalidad inestable. Físicamente siempre como una muñeca de porcelana, pero por dentro a ratos fuerte, a ratos débil. Enamorada al igual de su país como de su pareja. La tristeza de haber sufrido un accidente que le arrebató la posibilidad de ser madre. Vivencias duras que marcaron el resto de su vida profesional y personal. SENTIMIENTOS PLASMADOS. 

Tenemos también al mexicano, esposo de la pintora Kahlo, Diego Rivera. Siempre expresando en grande sus ideologías políticas (comunista de hueso colorado), representando a las poblaciones indígenas, sus tradiciones, los acontecimientos históricos. Opinando en contra de los capitalistas, del poder, de las injusticias. INCONFORMIDADES PLASMADAS.

Otro de los artistas incluido en la lista de mis favoritos: Pablo Picasso. En muchas de sus obras está representada ese enorme fanatismo por los toros… y por las mujeres, he leído. Cuestiones menos sociales, pero no alejadas de la realidad (hablando de los temas de sus pinturas y no de las técnicas que empleaba, como el cubismo). PASIONES PLASMADAS. 

Finalmente está una artista que aún no es muy reconocida, desgraciadamente, pero espera serlo en un futuro. Con una personalidad terca, locuaz, en ocasiones egocéntrica, mente sumamente inquieta, infinidad de por qués en su cabeza, coraje ante la desigualdad, pasión por vivir para expresar de cualquier manera lo que tiene dentro al mundo… intenta plasmar en sus obras UN POCO DE TODO.

Arte en la sangre

Me empieza a incomodar la situación de querer darle continuidad a mi blog y que la inspiración se torne algo inestable. 

Todos tenemos habilidades y pasiones, y lo más conveniente es que tengamos en común algunas de ellas. Porque es muy feo amar el voleibol, y medir 1.50 de altura; soñar con ser torero, pero temerle al animal… querer cantar y tener una voz que dé pena. En fin, soy de la idea de que todo se puede aprender y con la verdadera práctica y dedicación los resultados serán muy positivos, pero también hay que reconocer nuestras limitaciones. Sonará contradictorio, y a veces entro en un conflicto conmigo misma sobre este tema. Hay que perseguir siempre nuestros sueños, esforzarnos por mejorar aquello que queremos lograr y nos cuesta, pero… existe un momento en el que seguir intentádolo se vuelve una necedad? Creo que son pocos los casos (o eso espero), pero me ha tocado observar a gente que desea hacer algo para ganarse la vida, y desde el exterior todos nos damos cuenta de su triste realidad: “ese chaval debería dejar su pasión como tan solo un pasatiempo”. En otras palabras, la típica frase “es puro corazón, porque nomás no se le da”. Pero bueno, es difícil de discutir y a veces ni yo misma me entiendo.  

Termino diciéndoles que, para su fortuna, también existe gente que siente una pasión por algo y además tiene toda la habilidad para hacerlo, y más vale aprovechar esos dones! Les comparto este video que a mí en lo personal me encanta, y lo único que puedo decirles al respecto es: a eso le llamo nacer con arte en la sangre… 

Te cuento, Sevilla…

Dicen, Sevilla, que tienes una magia en el aire… Yo no sé si sea eso cierto, porque no he conocido a aquel que te conozca sin caer enamorado, o si sea algo muy mío, y en específico de todo aquel que va en busca de arte.

Dicen, Sevilla, que tu sol no es aquel que quema la piel hasta sentir dolor, sino aquel que penetra en el alma hasta tener un poquito de calor. Que cada una de tus calles es una importante pincelada de una enorme obra maestra.

Dicen, Sevilla, que tu plaza por las tardes taurinas de Abril puede desprender más arte que el Louvre entero, que tu barrio de Triana canta por sí solo cantes flamencos, que la Giralda donde sea que estés te está mirando, y tú mirándola a ella…

Dicen, Sevilla, que tu música, tu guitarra y tu baile hacen sentir cosquillas hasta al hombre más frío de la Tierra, que tu acento al hablar contagia alegría y peculiar melodía en sílabas a medias.

Dicen incluso por ahí, Sevilla, que vives en uno de los pocos países con duende, al igual que el mío… habré tenido yo la suerte, Sevilla, de nacer en México y enamorarme de ti?

Dicen también, Sevilla, que eres la más artista de todas las ciudades españolas, y yo me pregunto si lo serás de todo Europa, de todo el mundo… 

Te cuento, Sevilla, que nunca imaginé derramar una sola lágrima por echar tanto de menos un lugar

Recuerdo andaluz

“Te vas a enamorar”, me decían todos antes de cruzar el Atlántico. Nunca dudé que esas palabras fueran verdad, pero tampoco imaginé que fuera tal la magnitud del embrujo en aquella ciudad.

Mi último atardecer ahí, decidí hacer una fotografía escrita de aquellos lugares donde por horas me sentaba a pensar, mirar y tomar verdaderas fotos (con mi cámara un tanto ostentosa pero sin saber en realidad utilizar la mayoría de sus funciones). Fue esto un poco de lo que logré plasmar hace poco menos de un mes, en el final de lo que hasta ahora ha sido el mejor verano de mi vida…

30-Julio-2012

Este es mi lugar favorito de la ciudad, porque desde aquí puedo ver al menos las principales fuentes de magia que posee: frente a mí se extiende a lo largo el Guadalquivir, como siempre con una que otra piragua en sus tranquilas aguas o las lanchitas de pedales (aquí les llaman Pedalquivir). Tal vez sea por esa paz y tranquilidad por la que disfrutaba tanto sentarme cerca del río, era algo contagioso. A más distancia, cruzando el río, se puede ver el famoso y pintoresco barrio de Triana. Desde esta vista solo se logran ver las fachadas de casas con vista al río, la mayoría con balcones como todo Sevilla… Pero hay una en especial que resalta: si no mal recuerdo, es la casa más alta y más grande –dicen que llega hasta la calle paralela trasera–, pared azul cielo con marcos de puertas y balcones pintados de blanco y colgando de ellos algunas plantas. Claro que para llegar hasta ahí, se debe que cruzar el puente de Triana, que es una estructura de algún metal (desconozco el nombre del material) con cuatro columnas, cada una unida con círculos que disminuyen y aumentan de tamaño (en ese orden) formando arcos sobre el río. Se alcanzan a ver peatones, autos y ciclistas cruzando el puente, cada uno en su carril correspondiente. Casi llegando al puente, pero debajo de él, hay una escultura moderna a la tolerancia, junto con una placa donde el escritor plasmó tres bellos párrafos de los que me llevo una foto para distinguir el texto, en vista de no poderme llevar la placa de cemento…

Si bajo un poco la mirada, más cerca al río, y sobretodo a esas horas donde la luz del sol aún es plena aunque el reloj marque las 10pm pero el calor ya ha cesado un poco, se ven hombres sentados en la orilla esperando a que los peces tiren de su caña de pescar… ciclistas y corredores ejercitándose, y otros más cumpliendo el deber de pasear a su mascota. Es la hora ideal para disfrutar de la temperatura. Me tocó por suerte la semana de la Velá de Triana, por eso entre los postes a lo largo del puente hay guirnaldas colgadas, cada una con esferas verdes y blancas alternando esos colores. Velá en realidad quiere decir “velada”, pero ya ven que los andaluces han hecho una especie de español mutante en su lenguaje. En fin, olvidando Triana, si miro detrás de mí, encuentro uno de los más bellos lugares en todo Sevilla: la plaza de toros, La Maestranza. Es un lugar impactante, sobretodo para los que, como yo, son amantes de la tauromaquia. La plaza tiene una fachada en los 3 colores más representativos de Sevilla, e incluso de todo España: las puertas visibles color rojo, su contorno –a veces rectangular y en ocasiones en arcos– amarillo y el resto blanco. Da una impresión de frescura para el clima tan seco y cálido que tiene todo Andalucía. Está rodeada por una reja de herrería. Como dato curioso, es la única plaza de toros que tiene una forma ovalada en vez de redonda. 

Hacia el lado contrario del puente (izquierdo desde donde estoy), se ve la torre del Oro, que antiguamente era un faro para el puerto de Sevilla. Parece un cilindro, pero en realidad es un dodecágono con aspecto morisco, y su nombre, según mis investigaciones, se debe a que en los atardeceres su reflejo en el Guadalquivir da un aspecto de ser una construcción cubierta con oro… Hablando de arquitectura morisca, casi justo a la mitad de esta torre y del puente, se alcanza a ver la punta de la Giraldita. La torre adquirió ese diminutivo debido al extraño cariño que le tomé al edificio –acontecimiento nunca antes sucedido en mi vida–. Si se ve de cerca la Giralda, es un prisma cuadrangular, pero desde aquí solo se puede ver su puntiagudo final, el mirador. Es probablemente la construcción que más me gusta de Sevilla. 

…Y si buscan un punto más o menos céntrico entre todos los lugares antes mencionados, estoy yo, varias tardes del mes de Julio del 2012, observando la belleza sevillana, y dejando las ideas fluir por mi cabeza mientras siento el viento y saboreo el rico aliento a calor, flamenco y arte.

Armonía, naturalidad y pasión.

La conquista más grande del hombre es haberse ganado la amistad del caballo

-Conde Buffon

El evento de Cavalia estuvo INDESCRIPTIBLE. Simplemente sensacional. Entre una mezcla de equinos y acróbatas, de mis ojos salieron lágrimas desde el primer acto. Es un espectáculo donde la pasión y la libertad se notan en todo momento y se sienten a través de la piel enchinándose, el cuerpo estremeciéndose y el corazón acelerándose. Yo no sé si eso se deba a mi amor por los caballos, o si a cualquiera que asiste al espectáculo le pasa. Me pareció tan fantástico que yo optaría por lo segundo.
Es difícil imaginar que un humano puede llevar una relación tan armoniosa con un animal, y puedo atreverme a asegurar que la relación que tiene con el caballo es algo extraordinario y descomunal en relación con los perros u otros animales domesticados.
Cuando estaba sentada frente al escenario, un escenario lleno de arte, veía los gestos y semblantes de los acróbatas mostrando plena alegría y relajación. Concentrados pero nunca nerviosos. Plenos. Mientras tanto, movimientos de caballos que no mostraban gesto alguno de sentirse forzados. Cada acto con una naturalidad y confianza mutua entre humano y equino. Lo entendí. Lo entendí a la perfección. Cualquiera que haya montado en su vida por pasión, por gusto, cualquiera que alguna vez ha amado a un equino, lo entendería al igual que yo.
Les recomiendo muchísimo que vean el evento si tienen la posibilidad, porque a mí en lo personal los caballos me enloquecen pero probablemente a otros ni siquiera les llama la atención. Por eso más bien les aconsejo que nunca dejen pasar oportunidades donde pueden tener la certeza de que sentirán plenitud. No importa si es fútbol, música, baile, teatro, libros o poemas. No importa si son en un auditorio enorme o en la calle. Vivan momentos que provocan llanto de emoción y alegría.

El tiempo pasa volando

Al inicio de este ciclo escolar pedí que pasara volando, y así fue. En menos de un mes habré terminado mi preparatoria. En un poco más, estaré disfrutando de Sevilla… Y en un poquito más seré parte de la comunidad estudiantil universitaria. Aún no me la creo. 

Es impresionante cómo hay momentos y etapas que nos parecen eternos, y otros que apenas los vemos pasar. Soy de la idea de que la mejor etapa de nuestra vida es la adolescencia y el final de ella, esa transición hacia la adultez. Es donde más aprendemos, donde más experimentamos, donde más soñamos, donde más disfrutamos, desde mi punto de vista. Para mí se pasó volando a ratos, y a paso de tortuga en otros, pero al menos yo, la disfruté al máximo.

Lo que viene a algunos les da nostalgia, a otros miedo, a otros nervios, pero supongo que a la mayoría nos da emoción (a mí en lo particular me da muchísima emoción). Es una incertidumbre de lo que se avecina respecto a todo. Respecto a mis estudios, respecto a la primera vez que viviré lejos de mi madre, respecto a una nueva ciudad, respecto a TODO… Y la incertidumbre mata pero emociona. 

Estoy impaciente por empezar a estudiar mi carrera.

Les dejo uno de los tantos autorretratos de mi pintora favorita, Frida Kahlo, que hace referencia al tiempo. El nombre de la obra es precisamente El tiempo pasa volando.

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