Pepperoni…

Pocos probablemente entiendan lo que diré, parecerá seguramente demasiado cursi y dramático para ser real, será tal vez un tanto ridículo para la mayoría… Pero como en esto y muchas otras cosas más, expreso sentimientos escribiendo, los entiendan o no.

Nunca fue para mí un negocio, algo material que vino a mí con dinero, y se iría con lo mismo. Muchos así lo manejan: son un negocio, vienen y van. Convivo un tiempo con ellos –o más bien trabajo– y después cambian de dueño. Para mí es diferente…

Hace aproximadamente 5 años, cuando empezaría en mi vida una nueva y difícil etapa en dos aspectos: papá ya no viviría en casa, y yo estudiaría mi primer año de secundaria en una escuela nueva. Es común que con cambios fuertes en la famosa “edad de la punzada”, ese brinco de pubertad a adolescencia, los problemas en casa afecten en muchos aspectos. Mi padre, tan astuto como siempre, no encontró mejor manera de motivarnos a que esos cambios no nos afectaran en gran medida, le dio al blanco. Las reglas eran sencillas: buenas notas en este primer año en escuela nueva –y sin él en casa que, aunque él no haya mencionado ese punto, sé que así lo pensaba– y tendríamos caballo propio.

Así, un año después, para mi hermana y para mí fue un logro satisfactorio obtener nuestro primer y único (hasta ahora) caballo. Porque aunque nosotras no aportamos económicamente nada para obtenerlo, nuestro esfuerzo en la escuela fue el motor para que esa compra se realizara. Desde que tengo memoria, papá siempre nos enseñó a ganarnos las cosas con esfuerzo, que el dinero no es recurso suficiente para cumplir los sueños o conseguir objetivos. Probablemente, como en la mayoría de los casos en este deporte, habría sido muy sencillo sacar la billetera, buscar el caballo ideal con los accesorios más monos del momento, y pagar. Pero estoy segura que de haber sido así, mi convivencia con el caballo no habría sido tan profunda, tan plena. Papá siempre tuvo otra mentalidad y otro método, antes de darnos algo debíamos demostrarle que nos esforzábamos por obtenerlo, que de verdad lo deseábamos y que le sacaríamos todo el provecho posible. Fuera lo que fuera. A la fecha así funciona el mecanismo en casa, y no tengo la menor duda de que respecto al caballo, está orgulloso del provecho que le sacamos y de lo mucho que aprendimos (y también sabe lo mucho que el caballo nos ayudó a nosotras emocionalmente). Supongo que después esa fue una de las razones por las que significó tanto para mí. Ahora entiendo que, de cierta manera, durante esos años él fue una distracción para mí y para todos esos cambios que en casa estaban sucediendo. Sin saberlo en aquel momento, fue la manera de facilitar las cosas. Lo que cursimente llamaría un apoyo incondicional.

Pepperoni le pusimos. Lo sé, un nombre chusco y para algunos ridículo. La elección surgió un día en casa de papá mientras horneábamos pizzas de pepperoni, y pensé en que su tono alazán tostado era similar al color del pepperoni. Tengo muy grabado en la mente ese día. Era la emoción reciente de que al fin tenía mi propio caballo.

Estuvo conmigo por poco más de 5 años. Bueno en realidad debo decir “con nosotras”, pero le guste o no a mi hermana, durante los últimos 3 años la única que estuvo apegada a él fui yo. Nunca lo describí como el caballo ideal para quien buscara ser el campeón nacional o saltar obstáculos más altos que 1 metro (incluso yo logré hacerlo saltar lo que pocos imaginron. Al principio lo subestimaron). Porque, ni lo compré muy joven, ni era el más dócil en el deporte. Tengo, por ejemplo, muy grabado el día que lo probé (antes de comprarlo). Me costó un huevo –que ni siquiera tengo– lograr que trotara. Lo mismo para galopar. Pero cuando logré esos dos pasos, y después intenté el salto… esa fue otra historia. Fue la decisión final, el punto determinante. Si algo tiene Pepperoni es que me daba día a día un reto nuevo. Nunca fue un animal perfecto que hiciera todo prácticamente solo, que me obedeciera a la perfección y que me costara poco ganar un concurso con él. De hecho era muy flojo, y eso lo hacía lento y bastante terco. Aunque cuando tenía más energía era todo lo contrario, me debía andar con cuidado y siempre a las vivas por si acaso. De repente era muy pajarero y se espantaba hasta con el aire. Si pudiera describirlo en una palabra, diría que es un caballo impredescible. Pero como dije arriba, saltar con él era la sensación más placentera que podía tener durante mis entrenamientos. Es siempre más divertido convivir con quienes te dan batalla, que con quienes controlas por completo, y por eso fue que siempre me mantuvo en constante retroalimentación dentro de lo ecuestre. Y como yo no buscaba precisamente ganar a nivel nacional, ni obtener siempre el primer lugar, sino disfrutar de él y de mi deporte favorito sin presiones externas más que las que yo misma me exigía junto con él, nunca me importó demasiado que no fuera lo que la mayoría llaman “el caballo ideal”. Era más bien, MI caballo ideal.

Tuve también, claro, todo lo que el deporte implica a quienes lo practican. Caídas (literalmente) y triunfos. En innumerables ocasiones más lo primero que lo segundo jajaja. Pero nunca me desmotivé. Nunca fui de esas niñas que si perdían, bajaban llorando y tenían que aguantar el regaño del entrenador y de su padre. Al contrario, me decían en qué me había equivocado, y trabajaba en eso para la próxima ocasión. Y cabe mencionar que eran pocas las veces que no premiaba a Pepperoni con terrones de azúcar, manzanas o zanahorias, aunque el error hubiera sido de él. A final de cuentas éramos un equipo.

Practiqué equitación durante 10 años prácticamente sin parar, ahora estoy en un descanso que espero no dure mucho. La equitación es de los pocos deportes donde se debe convivir con un animal. No solo convivir, sino entenderse y tener química entre el equino y el jinete. Pocos entienden eso. Uno de los “argumentos” más comunes entre la gente ajena al mundo ecuestre es “la equitación no es un deporte. El caballo lo hace todo”. O cosas por el estilo. Es lamentable escuchar eso, porque es fortalecer un estereotipo más dentro de los millones que los humanos nos hemos dado a la tarea de crear. La verdad es que la equitación tiene más chiste de lo que cualquiera imagina, en todos los sentidos. En mente, sentimientos, condición, fuerza, autoridad, confianza, comunicación…

Estas son algunas de las cosas que Pepperoni me dejó, y creo que son bastante valiosas. Como ya dije, la diferencia entre muchas personas que pertenecen al mundo ecuestre, es que yo nunca lo consideré un medio de obtener dinero o premios importantes. Siempre he dicho que llamarle a un caballo “mascota”, es algo casi ofensivo. Y llamarlo un negocio es aún peor. Porque para mí, significó un equipo, un maestro, un alumno, un amigo, una compañía… Y todas esas cosas cursis que se dicen en películas de niñas enamoradas de un caballo noble. Es de las pocas cosas en el cine que considero real: el amor a un caballo.

Pero después de todo este rollo, de una breve historia de mi vida con mi caballo, y la vida de él conmigo, hace falta aún decir lo más importante… Lo que verdaderamente significó para mí tener un caballo, y especialmente a él, fue el hecho de que era la mejor manera de sentirme plena. Plenitud, en la totalidad de la palabra. Paz, libertad, alegría, desahogo. Era en ocasiones un escape temporal (porque a final de cuentas los problemas siempre los enfrenté, pero al instante debía calmarme de alguna manera), era la manera de liberarme cuando lo necesitaba. Fue en la mayoría de las veces mi mejor terapeuta en momentos o días complicados. En mi caso fue un caballo, pero para otras personas puede ser un instrumento musical, un libro, un pincel, una persona, un lugar… Lo importante es que sea lo que sea, son maneras de sentirnos en paz, son esos momentos tan plancenteros por los que vale la pena vivir.

Fue finalmente este fin de semana el primer desprendimiento duro que he vivido. Por supuesto sé que eso no se compara con la muerte de alguien cercano o despedidas más serias, pero para mí realmente significó mucho, y fue difícil. Sé que fue una buena decisión, y que él estara bien, pero nadie ni nada me quitará lo mucho que lo echaré de menos.

He aquí la foto antes de su partida. Sin embargo no la última, porque espero verlo pronto, muy pronto.

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Armonía, naturalidad y pasión.

La conquista más grande del hombre es haberse ganado la amistad del caballo

-Conde Buffon

El evento de Cavalia estuvo INDESCRIPTIBLE. Simplemente sensacional. Entre una mezcla de equinos y acróbatas, de mis ojos salieron lágrimas desde el primer acto. Es un espectáculo donde la pasión y la libertad se notan en todo momento y se sienten a través de la piel enchinándose, el cuerpo estremeciéndose y el corazón acelerándose. Yo no sé si eso se deba a mi amor por los caballos, o si a cualquiera que asiste al espectáculo le pasa. Me pareció tan fantástico que yo optaría por lo segundo.
Es difícil imaginar que un humano puede llevar una relación tan armoniosa con un animal, y puedo atreverme a asegurar que la relación que tiene con el caballo es algo extraordinario y descomunal en relación con los perros u otros animales domesticados.
Cuando estaba sentada frente al escenario, un escenario lleno de arte, veía los gestos y semblantes de los acróbatas mostrando plena alegría y relajación. Concentrados pero nunca nerviosos. Plenos. Mientras tanto, movimientos de caballos que no mostraban gesto alguno de sentirse forzados. Cada acto con una naturalidad y confianza mutua entre humano y equino. Lo entendí. Lo entendí a la perfección. Cualquiera que haya montado en su vida por pasión, por gusto, cualquiera que alguna vez ha amado a un equino, lo entendería al igual que yo.
Les recomiendo muchísimo que vean el evento si tienen la posibilidad, porque a mí en lo personal los caballos me enloquecen pero probablemente a otros ni siquiera les llama la atención. Por eso más bien les aconsejo que nunca dejen pasar oportunidades donde pueden tener la certeza de que sentirán plenitud. No importa si es fútbol, música, baile, teatro, libros o poemas. No importa si son en un auditorio enorme o en la calle. Vivan momentos que provocan llanto de emoción y alegría.

CAVALIA

Estoy sumamente emocionada porque está en mi país la temporada de un espectáculo único que no me cabe una duda que me hará llorar de la emoción. Mis pocos ahorros los gastaré en mi boleto, estoy segura que valdrá la pena. Oportunidades como ésta, pocas.
…Y por cierto, si tienen la oportunidad de ir a verlo, VAYAN! Estarán todo este mes y parte del próximo en el DF. Si no son mexicanos ojalá pronto se presente el espectáculo en su país.
Les comparto un video…

Mojito

Hace unos meses hice una visita con un grupo de mi escuela a una casa hogar de mujeres con parálisis y retraso mental. Fue de esas experiencias que marcan de una manera muy significativa tu vida y hacen  dar un giro de 180º a tu mente y a la perspectiva que tenemos respecto a ciertas cosas. Ese tipo de vivencias te hacen valorar mucho lo que poseemos, pero son pocos a los que se les queda perfectamente grabada esa memoria y esa reflexión ante la vida. Cuando salí de aquel lugar, pensé en dos cosas: es la primera pero definitivamente no será la última vez que tengo una experiencia de este tipo, y en un futuro quiero hacer labores enfocadas a la ayuda de estas personas. Qué mejor que hacer esas labores cerca de algo que siempre he amado: los caballos.

La equinoterapia, al igual que la delfinoterapia, se ha comprobado que es una de las técnicas más efectivas para el tratamiento de problemas motrices y mentales. El simple hecho de montar a caballo, es una de las actividades que más seguridad y autoconfianza le puede dar a quien la realiza. Hablando entonces de equinoterapia, hay 2 factores que logran este desarrollo en el tratamiento de ciertas discapacidades: la manera simétrica al caminar de los caballos, y su temperatura corporal.

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“Mojito”

Es lógico que para que el objetivo de las terapias se logre al 100% no es suficiente contar con cualquier equino. Se necesita un caballo con cierto carácter (mucho más noble que los demás), y un caminar con movimientos muy precisos, firmes y derechos.

Respecto a esto, hace poco leí una reseña sobre el específico caso de Mojito, un caballo en México que ha dado más de 20 mil sesiones de equinoterapia durante más de 30 años, convirtiéndose en el número 1 a nivel mundial en este tipo de actividad con equinos.

Es impresionante saber que un animal puede ser la ayuda esencial en un desarrollo tan significativo de muchas personas.

He montado durante 10 años y puedo decir que es tiempo suficiente para afirmar que los caballos son animales sumamente inteligentes y nobles, y saben mezclar esas dos características a la perfección. Son animales que saben tomarte la medida fácilmente a cualquier jinete. Difícilmente un caballo reparará o se parará de manos mientras un niño lo está montando. Claro que son criaturas imponentes y como a muchas otras especies de la naturaleza, se les debe tener respeto, pero su inteligencia llega al grado de saber cómo comportarse con un jinete según el trato que éste le da. Además se sabe gracias a la historia, que los caballos son animales que han convivido con el ser humano desde hace muchos siglos, y por lo tanto se puede decir que ellos son parte de nuestra historia y nosotros somos parte de la suya.

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Quien me conoce aunque sea lo más mínimo, sabe lo mucho que amo a estos animales. Sin duda espero que sean siempre parte de mi vida y pueda involucrarme con ellos de distintas maneras. No pienso dejar de practicar equitación, pero a partir de la experiencia que viví y de mi amor por estos animales, una de mis metas es incrementar en unos años mis conocimientos equinos para dar equinoterapias y poder ser parte de labores que traen consigo tanta satisfacción y ayuda humanitaria.

¿Cuáles son las tuyas?

A veces lo más inimaginable llega a nuestras vidas convirtiéndose en una pasión perenne. Los humanos nunca dejamos de conocernos a nosotros mismos, ese autoconocimiento jamás podrá ser del todo concluido. Desde la infancia identificamos nuestras habilidades y limitaciones, pero las pasiones pueden encontrarse en cualquier etapa de nuestra vida, y es una parte padrísima del autoconocimiento, tan esencial como conocer nuestros defectos y virtudes. Porque en base a ellas tomamos nuestras decisiones, tenemos nuestros sueños y fijamos nuestras metas. Más vale aprovecharlas, porque no hacerlo sería traicionar a nuestra persona, cabeza, corazón y alma. 

Yo tengo 3 pasiones en mi vida: los caballos, el flamenco, y la vida misma… ¿Cuáles son las tuyas?

Por eso me gusta montar a caballo, también.

Hoy alguien me dijo que le gustaba verme montar, porque se notaba lo mucho que lo disfrutaba. Jamás alguien me había dicho algo tan cierto, y me hizo automáticamente recordar algo.

Han leído o visto la película de Dear John? Si no lo leyeron, lo recomiendo mucho. Si la vieron, LEAN EL LIBRO porque es la película inspirada en un libro más chafa que he visto en mi vida, jaja. Suena a otra tediosa y aburrida novela romántica, pero es una de mis favoritas porque no solo muestra a un par de adolescentes derramando amor, sino que también tiene un lado muy independiente a la relación de pareja… muestra una pasión hacia los caballos, y dentro de la historia hay una parte demasiado humana donde se habla sobre el autismo. Léanlo, de verdad.

Soy de las que subrayan frases cada vez que leo algo, sin excepción. En el caso de este libro, hay dos fragmentos en específico que me encantan y con los que me identifico demasiado: el primero, la descripción de lo que yo también siento al montar; esa paz en el cuerpo y esa plenitud en el alma que solo los que estamos verdaderamente apasionados por algo, podemos llegar a sentir. Y el segundo, la enorme verdad de que ver a alguien haciendo lo que más le apasiona, será el momento de más plenitud y felicidad en el que jamás podrás ver a esa persona. Les comparto aquí esos dos fragmentos…

–El surf es un deporte solitario, uno en el que los largos intervalos de aburrimiento se solapan con los de actividad frenética, y que te enseña a fluir con la naturaleza, en lugar de luchar contra ella… Se trata de encontrar el equilibrio justo. Al menos eso es lo que cuentan en las revistas de surf, y he de admitir que estoy bastante de acuerdo. No existe nada tan emocionante como colarse bajo una enorme ola en forma de tubo y vivir entre una pared de agua mientras la ola enfila hacia la costa. Pero yo no soy como la mayoría de esos chavales con la piel curtida y el pelo lleno de trenzas que se pasan todo el santo día, cada día, haciendo surf porque creen que es el no va más, la experiencia más sublime de esta existencia. No lo es. Yo lo hago porque el mundo es un lugar TERRIBLEMENTE RUIDOSO, y cuando estás ahí solo, en medio del mar, deja de serlo. Incluso eres capaz de escuchar tu propia respiración.
–Como montar a caballo- concluyó Savannah.
–¿Cómo?
–Lo que estás diciendo. Por eso me gusta montar a caballo.

Esta soy yo. Mi mayor pasión, mi mejor compañía

(…) La pasión es pasión. Es el entusiasmo entre los espacios tediosos, y no importa hacia dónde vaya enfocada. 
–Exactamente. Pueden ser monedas o un deporte o política o caballos o música o fe… La gente más triste que he conocido en mi vida es la que no siente una pasión profunda por algo. La pasión y la satisfacción van cogidas de la mano, y sin ellas, la felicidad es temporal, porque no existe entonces nada que la haga perdurar. Me encantaría escuchar a tu padre hablar sobre monedas, porque es entonces cuando ves realmente a la persona en su mejor momento, y he descubierto que la felicidad del prójimo es, normlamente, COTAGIOSA.    

Dear John de Nicholas Sparks