Revelaciones divinas

Desde hace unos meses ese tema de la tauromaquia ha estado muy de moda. Sí, solo es eso: moda. De repente todos opinan, todos lo aman o todos lo odian. Es como con la política antes de las elecciones.

Tengo, como cualquiera, mis posturas respecto a estos temas, pero también respeto las contrarias (aunque muchas veces provoquen en mí un sentimiento de cólera que difícilmente logro contener). Y creo que es evidente que respecto al tema taurino, estoy totalmente en contra… de los que están en contra. Por diversas razones, pero la principal, la que la mayoría debate y pocos entienden: porque es un arte. Para quienes, con todo su derecho, quieren mandarme a volar con estas palabras, lo entiendo y no será la primera vez, pero creo que en esto –y muchos otros temas polémicos– hace falta que aprendamos a escuchar o leer con atención y respeto, para poder dejar a un lado nuestras ideas, los estereotipos y nuestras posturas “fijas” pero muchas veces poco fundamentadas.

Pasa como con los que son muy religiosos cuando dicen: “fue un milagro” o “fue una revelación”. Para mí el toreo y el flamenco fueron algo similar. Son cosas que por el contexto de tu comunidad, por la familia en la que creces, por el entorno en el que te desarrollas, por las habilidades y gustos que vas encontrando, por tus amistades… por las cuestiones que sean, se puede tener cierta atracción hacia el tema. Sin embargo, nada sale de lo común hasta que ese interés se profundiza después de una experiencia en concreto, y esas experiencias las he tenido en ambas cosas…

Recuerdo la primera vez que ví bailar a mi maestra de flamenco en una obra de teatro. No tenía más de dos meses que había empezado a tomar las clases con ella, me había gustado empezar con esa actividad, pero jamás pense que llegara a más. Entonces inexplicablemente, me di cuenta que entre el público y viéndola a ella bailar (que prácticamente apenas nos conocíamos) con un vestido con bata de cola rojo con lunares blancos, de repente empecé a llorar. A partir de ese instante supe que, directa o indirectamente, en mayor o menor intensidad, quería que el flamenco siempre fuera parte de mi vida. Ahora es una de mis mayores pasiones, me he ido hasta Sevilla a tomar un curso de verano (algo que jamás antes habían imaginado), y ella se ha convertido en una de mis mejores amigas, le he tomado un cariño y una admiración tremendos… Y, como quien dice, tiene bastante arte bailando, por algo la considero mi primera motivación.

Después de eso claro que tuve momentos similares en ese ambiente… Otra maestra, quien además de bailar es cantaora, me enchinó más de una vez la piel con su cante jondo tan apasionado. Sus palabras en clase no intentaban corregir técnica, sino que tenían toda la intención de contagiar pasión. En Sevilla además hubo dos ocasiones en los que los guitarristas me mantuvieron prácticamente con piel de gallina durante el solo de guitarra completo. Son sensaciones increíbles. Esta fue una de ellas… se nota, ¿no?

…Y respecto al toro, bueno pues hasta ahora han sido tres ocasiones. La primera: mi primer ida a la Plaza México, desde entrar y ver ese ruedo que parecía tan lejano viéndolo desde la entrada, hasta escuchar y sobretodo sentir los olés de una multitud en una tarde con buen cartel. Es una cosa impresionante, y que al menos una vez en la vida se debe disfrutar una tarde de toros en esa plaza. Una buena faena, con la Plaza México llena y su gente  voceando  olés, es una sensación indescriptible. La viví viendo torear al Juli, ahí mismo, arrimándosele al toro como pocas veces me ha tocado ver en vivo. La segunda experiencia: ver triunfar en una novillada a un conocido mío que, por razones específicas, sentí un gusto tremendo por una victoria ajena. Me emocionó, y me transmitió mucho. Y la tercera, la más reciente, tener la oportunidad de presenciar (aunque fueran solo novillos) una noche en la plaza de toros la Maestranza de Sevilla. Aunque las faenas no fueron para hacer historia, mi primera vez dentro de esa plaza es un momento que jamás olvidaré. Como la ciudad entera (Sevilla), esa plaza también emana una sobredosis de arte y magia, y es uno de los lugares más representativos dentro de lo taurino.

Estas, pues, han sido mis “revelaciones” en el mundo del arte de origen español (el toro y lo flamenco), y es por eso que quienes lo han alguna vez sentido así, saben a lo que nos referimos los aficionados cuando decimos “es un arte”, por muy “cruel” que parezca…  Y créanme, si algún día sienten algo parecido en cualquier tipo de arte (porque esto también puede pasar con algo inmóvil como las artes plásticas), sabrán entonces lo que es una revelación más divina que la de cualquier dios.

Sentir el arte. Porque es algo humano, porque por eso y para eso se creó, porque si no se siente no es arte, y si no es arte no se siente. 

-JGB

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Arte en la sangre

Me empieza a incomodar la situación de querer darle continuidad a mi blog y que la inspiración se torne algo inestable. 

Todos tenemos habilidades y pasiones, y lo más conveniente es que tengamos en común algunas de ellas. Porque es muy feo amar el voleibol, y medir 1.50 de altura; soñar con ser torero, pero temerle al animal… querer cantar y tener una voz que dé pena. En fin, soy de la idea de que todo se puede aprender y con la verdadera práctica y dedicación los resultados serán muy positivos, pero también hay que reconocer nuestras limitaciones. Sonará contradictorio, y a veces entro en un conflicto conmigo misma sobre este tema. Hay que perseguir siempre nuestros sueños, esforzarnos por mejorar aquello que queremos lograr y nos cuesta, pero… existe un momento en el que seguir intentádolo se vuelve una necedad? Creo que son pocos los casos (o eso espero), pero me ha tocado observar a gente que desea hacer algo para ganarse la vida, y desde el exterior todos nos damos cuenta de su triste realidad: “ese chaval debería dejar su pasión como tan solo un pasatiempo”. En otras palabras, la típica frase “es puro corazón, porque nomás no se le da”. Pero bueno, es difícil de discutir y a veces ni yo misma me entiendo.  

Termino diciéndoles que, para su fortuna, también existe gente que siente una pasión por algo y además tiene toda la habilidad para hacerlo, y más vale aprovechar esos dones! Les comparto este video que a mí en lo personal me encanta, y lo único que puedo decirles al respecto es: a eso le llamo nacer con arte en la sangre… 

Te cuento, Sevilla…

Dicen, Sevilla, que tienes una magia en el aire… Yo no sé si sea eso cierto, porque no he conocido a aquel que te conozca sin caer enamorado, o si sea algo muy mío, y en específico de todo aquel que va en busca de arte.

Dicen, Sevilla, que tu sol no es aquel que quema la piel hasta sentir dolor, sino aquel que penetra en el alma hasta tener un poquito de calor. Que cada una de tus calles es una importante pincelada de una enorme obra maestra.

Dicen, Sevilla, que tu plaza por las tardes taurinas de Abril puede desprender más arte que el Louvre entero, que tu barrio de Triana canta por sí solo cantes flamencos, que la Giralda donde sea que estés te está mirando, y tú mirándola a ella…

Dicen, Sevilla, que tu música, tu guitarra y tu baile hacen sentir cosquillas hasta al hombre más frío de la Tierra, que tu acento al hablar contagia alegría y peculiar melodía en sílabas a medias.

Dicen incluso por ahí, Sevilla, que vives en uno de los pocos países con duende, al igual que el mío… habré tenido yo la suerte, Sevilla, de nacer en México y enamorarme de ti?

Dicen también, Sevilla, que eres la más artista de todas las ciudades españolas, y yo me pregunto si lo serás de todo Europa, de todo el mundo… 

Te cuento, Sevilla, que nunca imaginé derramar una sola lágrima por echar tanto de menos un lugar

Recuerdo andaluz

“Te vas a enamorar”, me decían todos antes de cruzar el Atlántico. Nunca dudé que esas palabras fueran verdad, pero tampoco imaginé que fuera tal la magnitud del embrujo en aquella ciudad.

Mi último atardecer ahí, decidí hacer una fotografía escrita de aquellos lugares donde por horas me sentaba a pensar, mirar y tomar verdaderas fotos (con mi cámara un tanto ostentosa pero sin saber en realidad utilizar la mayoría de sus funciones). Fue esto un poco de lo que logré plasmar hace poco menos de un mes, en el final de lo que hasta ahora ha sido el mejor verano de mi vida…

30-Julio-2012

Este es mi lugar favorito de la ciudad, porque desde aquí puedo ver al menos las principales fuentes de magia que posee: frente a mí se extiende a lo largo el Guadalquivir, como siempre con una que otra piragua en sus tranquilas aguas o las lanchitas de pedales (aquí les llaman Pedalquivir). Tal vez sea por esa paz y tranquilidad por la que disfrutaba tanto sentarme cerca del río, era algo contagioso. A más distancia, cruzando el río, se puede ver el famoso y pintoresco barrio de Triana. Desde esta vista solo se logran ver las fachadas de casas con vista al río, la mayoría con balcones como todo Sevilla… Pero hay una en especial que resalta: si no mal recuerdo, es la casa más alta y más grande –dicen que llega hasta la calle paralela trasera–, pared azul cielo con marcos de puertas y balcones pintados de blanco y colgando de ellos algunas plantas. Claro que para llegar hasta ahí, se debe que cruzar el puente de Triana, que es una estructura de algún metal (desconozco el nombre del material) con cuatro columnas, cada una unida con círculos que disminuyen y aumentan de tamaño (en ese orden) formando arcos sobre el río. Se alcanzan a ver peatones, autos y ciclistas cruzando el puente, cada uno en su carril correspondiente. Casi llegando al puente, pero debajo de él, hay una escultura moderna a la tolerancia, junto con una placa donde el escritor plasmó tres bellos párrafos de los que me llevo una foto para distinguir el texto, en vista de no poderme llevar la placa de cemento…

Si bajo un poco la mirada, más cerca al río, y sobretodo a esas horas donde la luz del sol aún es plena aunque el reloj marque las 10pm pero el calor ya ha cesado un poco, se ven hombres sentados en la orilla esperando a que los peces tiren de su caña de pescar… ciclistas y corredores ejercitándose, y otros más cumpliendo el deber de pasear a su mascota. Es la hora ideal para disfrutar de la temperatura. Me tocó por suerte la semana de la Velá de Triana, por eso entre los postes a lo largo del puente hay guirnaldas colgadas, cada una con esferas verdes y blancas alternando esos colores. Velá en realidad quiere decir “velada”, pero ya ven que los andaluces han hecho una especie de español mutante en su lenguaje. En fin, olvidando Triana, si miro detrás de mí, encuentro uno de los más bellos lugares en todo Sevilla: la plaza de toros, La Maestranza. Es un lugar impactante, sobretodo para los que, como yo, son amantes de la tauromaquia. La plaza tiene una fachada en los 3 colores más representativos de Sevilla, e incluso de todo España: las puertas visibles color rojo, su contorno –a veces rectangular y en ocasiones en arcos– amarillo y el resto blanco. Da una impresión de frescura para el clima tan seco y cálido que tiene todo Andalucía. Está rodeada por una reja de herrería. Como dato curioso, es la única plaza de toros que tiene una forma ovalada en vez de redonda. 

Hacia el lado contrario del puente (izquierdo desde donde estoy), se ve la torre del Oro, que antiguamente era un faro para el puerto de Sevilla. Parece un cilindro, pero en realidad es un dodecágono con aspecto morisco, y su nombre, según mis investigaciones, se debe a que en los atardeceres su reflejo en el Guadalquivir da un aspecto de ser una construcción cubierta con oro… Hablando de arquitectura morisca, casi justo a la mitad de esta torre y del puente, se alcanza a ver la punta de la Giraldita. La torre adquirió ese diminutivo debido al extraño cariño que le tomé al edificio –acontecimiento nunca antes sucedido en mi vida–. Si se ve de cerca la Giralda, es un prisma cuadrangular, pero desde aquí solo se puede ver su puntiagudo final, el mirador. Es probablemente la construcción que más me gusta de Sevilla. 

…Y si buscan un punto más o menos céntrico entre todos los lugares antes mencionados, estoy yo, varias tardes del mes de Julio del 2012, observando la belleza sevillana, y dejando las ideas fluir por mi cabeza mientras siento el viento y saboreo el rico aliento a calor, flamenco y arte.

Pedazo de cantaora

Me he ausentado un poco de mi blog en estos días. Es mi Closing time y tengo demasiados pendientes. Días en los que tengo muchos planes y poco tiempo (muy poco tiempo). Días como hoy que llego muerta a casa y por más que quiera tomarme un tiempo para escribir, me voy quedando dormida sobre el teclado. Y así no suelo escribir cosas muy coherentes.

ImagenHoy estuve platicando con mi maestra de flamenco, cosa que hago poco porque ella es un personaje realmente extraño. Tímida y difícil de sentirse en confianza. He tomado clases con ella 5 meses y vaya que le he cogido un aprecio enorme porque no es solo la maestra que nos enseña una técnica de baile, un compás, una coreografía –y vaya que es excelente enseñándolo– sino que además es esa maestra que te da enseñanzas de la vida, del arte. Tiene una manera tan suya de expresarnos las cosas… Le cuesta mucho darse a entender, explicarse, y a la vez solo las que estamos con amor y pasión en la clase logramos entenderla. Solo aquellas que vemos en ella no la perfección, sino el arte. Su agresiva pasión por lo que hace.  Es el tipo de maestra que en vez de corregir diciendo “falta coordinación”, te dice “falta pasión”. ¿Qué tan seguido se encuentran personas así? Poco común. 

Amalia es ese tipo de maestra que expresa mucho más con su cante, con su mirada, con su sonrisa, que con las palabras. Es esa profesora que quien sea que conviva con ella por un lapso de tiempo, se quedará permanentemente con un cachito de ella en su estilo, en su personalidad, una ligera influencia de la gran artista que es.

Es lindo encontrar ese tipo de mentores, de maestros, de ejemplos, no? Aquellos que comparten sus conocimientos, y ademas sus experiencias. Aquellos que contagian ganas por algo, y además alegría para todo lo demás. Aquellos que no logras entenderlos un día, y al otro te identificas mucho con ellos. Aquellos que enseñan con la mirada y confunden con palabras. Aquellos que te exigen más si saben que puedes dar más, y no te apresuran ni presionan si ven que no entregas todo en el entrenamiento. Aquellos de los que debes ganarte su atención, su respeto, su interés. No sé. Es muy difícil de explicar. Son simplemente personas que nunca se borran de las memorias, de los recuerdos y de los sentimientos sin importar el tiempo durante el que formaron parte de tu vida.

¿Cuáles son las tuyas?

A veces lo más inimaginable llega a nuestras vidas convirtiéndose en una pasión perenne. Los humanos nunca dejamos de conocernos a nosotros mismos, ese autoconocimiento jamás podrá ser del todo concluido. Desde la infancia identificamos nuestras habilidades y limitaciones, pero las pasiones pueden encontrarse en cualquier etapa de nuestra vida, y es una parte padrísima del autoconocimiento, tan esencial como conocer nuestros defectos y virtudes. Porque en base a ellas tomamos nuestras decisiones, tenemos nuestros sueños y fijamos nuestras metas. Más vale aprovecharlas, porque no hacerlo sería traicionar a nuestra persona, cabeza, corazón y alma. 

Yo tengo 3 pasiones en mi vida: los caballos, el flamenco, y la vida misma… ¿Cuáles son las tuyas?

Bailemos para seguir viviendo

Díganme ¿qué belleza es más grande que el arte que el humano es capaz de expresar? Sea plasmada en papel, en sonidos, en fotos, en lienzo, en movimiento… no importa de qué manera, lo grande es lo que se trasmite, lo que te puede enchinar la piel o estremecer el cuerpo.
Una vez papá me dijo una lección que nunca olvidaré: “no es lo mismo el pintor que domina la técnica del pincel y cada trazo que marca, al pintor que además de dominar esa técnica, te provoca un sentimiento al ver su obra”. Bueno, intenté citarla lo más parecido posible en base a mis recuerdos.
Respecto a una de mis pasiones en la vida, el flamenco, aprendí que no es lo mismo una mujer que baila flamenco, a una bailaora. Solo la segunda es artista, porque la primera por mucha experiencia que tenga no transmite, la segunda en cambio baila poco o mucho, pero siempre con pasión. Entonces, no es lo mismo “practicar o hacer” un arte, que ser un artista.
En este fin de semana tan flamenco, escuché a un verdadero artista decir que “bailar es desprenderse de ataduras. El único requisito para hacer un buen baile, es querer romperse”. Eso lo aplico en cualquiera de las artes… Las artes son para expresarse, y expresarse es justamente eso: desprenderse de ataduras. El que quiere transmitir y ser artista, debe entonces solamente tener el deseo de romperse, de deshacerse de esas ataduras físicas, emocionales o mentales, para así contagiar el sentimiento al espectador.

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EL ARTE ES PARA EL HUMANO LA MAS BELLA, CONTAGIOSA Y MEJOR MANERA DE EXPRESAR SUS SENTIMIENTOS.

-JGB