Hace tiempo la princesa recibió un enorme regalo…

… Pero era tan tonta que no estaba al tanto de su verdadero valor.

Era tan grande mi regalo, que ni papá ni mamá encontraron una caja de regalo o papel suficiente para envolverlo, aunque dio igual, porque a la edad que lo recibí creo que aún no entendía el verdadero valor del tesoro.
Por años, como pedófilo a mujeres treintañeras, lo ignoré por completo. Debo admitir que ni lo presumía con mis amigos (ahora sé lo tonta que fui), porque lógico, no era un regalo normal ni mucho menos común, y por supuesto ellos tampoco se emocionaban cuando lo veían. Lo dejé olvidado por mucho tiempo, por años. Mamá por más que me insistía que sacara de aquel rincón abandonado a mi tesoro, tontamente no le hice caso hasta que crecí… Fue entonces cuando poco a poco comencé a explorarlo, y me di cuenta que dentro de él había cosas inimaginablemente entretenidas y valiosas; era como una colección de artículos mágicos, historias antiguas, cartas, sentimientos, cosas de aventuras, mapas, ¡había incluso boletos para ir de viaje!!!. Al principio no supe muy bien a quién pertenecía, después me di cuenta que en realidad era como una recolección de muchas personas que quisieron guardar sus propios tesoros y recuerdos, y que papá y mamá habían decidido ponerlos a mi alcance. En ese momento me sentía en las nubes, ¡ninguno de mis compañeros de clase tenía en su poder semejante riqueza! ¡ni siquiera ninguno de mis profesores, ni tíos, ni amigos! Ahora  me tocaba pensar qué hacer con él, porque de qué sirve tener mil joyas si uno no se las pone, ¿no? Imaginen cuál era la cantidad de tesoros, que después de 15 años aún no he podido explorar todo mi regalo, lo poco que he explorado intento siempre compartirlo con quienes lo valoran… y también con quienes no, para contagiarlos y volverlos adictos a la exploración, porque los exploradores de este tipo de tesoros están en peligro de extinción.

Ahora es época de Navidad, y la librería está recién surtida. Se ve bella bella. Espero que muchos vengan en busca de algún regalo para que el número de exploradores aumente.

Pido un poco de tolerancia

Una vez más, la decadencia social como mi inspiración para escribir. El arte y mis inconformidades creo que son aquellos temas que me han inspirado tanto a escribir… y heme aquí después de un rato de abandonar mi blog.

México. Ese es mi país, un país hermoso. Un país tan rico pero que, por desgracia, sus habitantes lo desmoronan poco a poco. Hoy muere de una manera trágica una celebridad musical mexicana (desconozco el real género de música al que se dedicaba). En twitter miles de pésames, pero millones de chistes y burlas. No diré que a mí me duele la muerte de alguien que no conocía, y que ni siquiera me gustaba su música porque eso sería un acto bastante hipócrita, pero sí me duele ver a una sociedad sumamente deshumanizada. Me parece lamentable ver que el mexicano se queja de aquellos estereotipos que se le han colocado en países extranjeros, se queja de que el gobierno no impulsa el desarrollo de México, se queja de innumerables cosas mientras el mismo mexicano alimenta a que todo eso no cese. Tal vez se pregunten qué tiene que ver la muerte de Jenni Rivera con la situación actual del país…

Antes que nada, ignoremos si el gobierno ha hecho o no cosas positivas. Porque aunque no las haya hecho, creo que gran parte de todos los problemas en verdad radica en otro sector de la población mexicana: los ciudadanos. Creo que en México (y seguramente en muchos otros países, pero hablo de lo que me consta) se ha perdido el respeto en muchos sentidos. Respeto a las leyes, respeto a las autoridades, respeto al indígena, respeto al peatón, respeto al ciclista, respeto al chofer, respeto a los distintos sectores socioeconómicos, respeto a los estilos, respeto a la mujer, respeto a las aficiones, a la naturaleza, a la música, a las apariencias, a las tradiciones, a la historia, a las artesanías, a los grupos étnicos… Respeto mutuo perdido. El mexicano ataca al mismo mexicano… cuando le conviene (porque que el gringo, el español, el francés, el argentino, el italiano no se atreva a atacarnos, porque ahí sí, nos unimos).

Hoy que muere Jenni Rivera, todos los “nacos” lloran. Y me pongo a pensar: yo no escuchaba su música, pero creo que tan humana fue ella, como su público entero, y qué lástima que para muchos parezca más relevante describir a su público con un término despectivo,  y hacer referencia a la apariencia física que tenía, en vez de ponerse a pensar que hay una familia, unos hijos, y amigos sufriendo por la pérdida. Hemos llegado a un nivel de egoísmo donde si el asunto no nos involucra o perjudica, no tiene la mínima importancia… el dolor ajeno, parece ser un cero a la izquierda para mucha gente. Tal vez es por eso que la pobreza, el racismo, el machismo, los abusos, no importan. Tal vez por eso preferimos llamar “nacos” a aquellos con un gusto diferente al nuestro, con un nivel socioeconómico más bajo, con menos nivel de estudios. Tal vez por eso no sabemos manejar un auto y respetar al mismo tiempo al peatón, al ciclista, al motociclista o a los mismos conductores de autos a los cuales mentamos madre a diestra y siniestra. Tal vez por eso no importa la muerte de alguien, “porque era gorda y era la reina de los nacos” (como lo describieron muchos tuiteros). Tal vez por eso existe esa imagen tan mexicana de los “machos” y sea normal ver que un hombre trata a una mujer como su sirvienta. Tal vez por eso México no cambia… Y yo no soy la ciudadana modelo, porque todo ciudadano tiene partes de donde pueda pulirse, pero creo que tampoco hablo por doquier sin una mínima intención de actuar y sin preocupación, coraje y tristeza alguna por la situación de mi país. ¿Cómo se pretende cambiar un territorio donde sus habitantes parecen actuar de una manera más primitiva que en en la era de las cavernas? ¿Cuándo será el día en que el mexicano entienda que el problema no es el gobierno, sino la sociedad que supuestamente debería exigir, vigilar y ACTUAR? ¿Cuándo será el día en que el mexicano deje mirar y opinar teniendo los brazos cruzados y en vez de eso los abra, actúe y, entonces sí, opine? Desgraciadamente sin respeto, nada de esto nunca cambiará. El día en que los humanos, y en este caso específico, los mexicanos aprendan a ser tolerantes, será el día en que su evolución haya llegado a su máximo esplendor.

Hoy perdimos a una representante mexicana, del género, público y apariencia que sea, pero mexicana y humana… Y llevamos décadas perdiendo la decencia de México. Mi más sentido pésame a todos los seres queridos y cercanos de Jenni Rivera y de cualquier otro mexicano que pueda estar pasando por este tipo de sufrimientos… Y también, mi más sentido pésame a aquellos que parecen haber perdido la cabeza, la conciencia y la capacidad de mejorar como ciudadano.

observatorio

Mi viaje en camión, de huevos (ida).

El horario ha cambiado. El tiempo por la mañana me da la sensación de que me rinde más. Me levanto y preparo un desayuno para papá y para mí. Los  huevos están muy caros, pero aún así siempre hay en casa y los cocino. Más bien a quien a veces le faltan huevos es a mi hermana, que no le gusta viajar en camión a la escuela porque dice que el chofer maneja espantoso y el camino es más largo que con otro medio de transporte. Ambas cosas son verdad, pero a mí me gusta mucho viajar en camión y observar las caras de las personas que suben y bajan, una por una. Usar el transporte público es una manera muy entretenida de ver la vida diaria de la gente, y a la gente por sí sola. Desde el chofer. La otra mañana estaba en su asiento esperando a que subiera la gente desayunando una torta con un huevo hervido adentro. Qué curioso. ¿Quién en esta puñetera vida desayuna un pan relleno de huevo hervido? Solo el chofer del camión que tomo. Me dio un poco de asco, pero verle la cara de alegría saboreando su torta de huevo duro fue grato. Seguro es muy cansado manejar todo el día un camión lleno de pasajeros, que coma entonces las tortas de huevo duro que se le apetezcan! Avanza el camión y apenas somo 3 o 4 personas. Todos huelen a recién bañados, incluyéndome. Son las 9.30 de la mañana. Uno de ellos estudia gastronomía, usa un pantalón de cuadritos blancos y negros y una filipina blanca con unos zapatos tipo Crocs pero que según yo son especiales pa’ los chefs. Las otras dos son mujeres adultas que seguramente van al trabajo. Una de ellas necesita un asesor de imagen, porque su pelo es de color amarillo paso zebra en las puntas y negro azabache desde la raíz, ¡qué huevos tiene esa señora para vivir con esa bicoloridad en la cabeza! La otra mujer usa muchos aretes en una de sus orejas y amaneció con ganas de pintarse los labios rojo carmín. Amaneció intensa. Tal vez vaya a ligar a la oficina, o tenga un galán en el trabajo, porque además viene bien entaconada. Sí, quiere un hombre. En una de las paradas sube un hombre que, o le gusta el viaje en camión como a mí, o su BMW está temporalmente en el mecánico y  no le gusta viajar en taxi, porque tiene pinta de pijo. A la mujer de labios rojos e intensos le llamó la atención, es obvio, y se movió un asiento para pegarse a la ventana y dejarle el lugar del pasillo a él, qué huevos. Él la ignora más que un pedófilo a Miss Universo, creo que está casado. Pobre mujer, no consiguió a ese apuesto compañero de asiento en su viaje al trabajo. Le deseo suerte por el resto del día. Ya estamos cerca de una avenida grande, ahí sube  mucha gente… Un par de amigos, van en preparatoria o secundaria. Están en la edad de la rebeldía, o de “la punzada” como dicen los adultos. En la aborrescencia, pues. Uno trae perforada la ceja y el otro apagó su cigarro mañanero antes de subir al camión. Qué huevos de esos fumadores para desayunar nicotina. Me dio más asco que la torta de huevo hervido del chofer. Ahora sube una mujer que creo que va al mercado, trae su bolsa de mandado y subió tomando algo en un  vaso de unicel. ¿Será champurrado, atole, café…? No sé pero al pagar el pasaje casi tira su bebida encima del hombre sentado en el primer asiento. Si eso hubiera pasado, le habría caído la bebida caliente en los huevos; imagino su cara de coraje a primera hora y  su expresión de sentir los huevos quemados. Habría llegado al trabajo con una mancha en el pantalón que haría creer a su jefe que sufre de incontinencia urinaria. Ese señor tiene un bigote de una naturaleza extraña. Una mezcla entre Pancho Villa y Hitler. Él, o no tiene espejo, o tiene muchos huevos. Habría que presentarle a la mujer de la bicoloridad en el cabello. Después de la señora del champurrado subió un hombre joven sombrerudo y también bigotudo (pero el modelo del bigote es más normal). Viene riendo con su amigo, que no usa sombrero pero sí gorra y playera del Cruz Azul. Eso es pasión a tu equipo. Los dos traen unas botas como las que yo uso cuando voy de campamento: de Bob el Constructor. De color amarillo paso zebra, como las puntas del pelo de la mujer. Seguramente su trabajo es muy pesado para usar ese tipo de calzado. Pasan junto a mí y me miran con deseo, los ignoro como el hombre pijo a la mujer intensa. Ya hizo otra parada el autobús. Los pasajeros son flojos: uno baja en una cuadra, y otro pide parada 30 metros después. Ahí sube una mujer rechoncha con su hijo cachetón con una sonrisa muy  grande los dos. Lo acompaña a la escuela, porque él está cargando su mochila azul de Angry Birds. Qué buen  gusto tiene ese niño para los juegos. Su mamá usa un escote muy pronunciado que distrae la mirada de los hombres que me miraron con deseo. También la miran con deseo a ella… o a su escote, a pesar de que probablemente les dobla la edad a ambos y viene con su hijo. Lo bueno que él aún es pequeño, si no les habría pateado los huevos por mirar así a su mamá. Yo por eso me puse una bufanda. Ya casi llegamos a mi destino. Pero antes sube un compañero mío de mi clase de Redacción. Nunca he platicado con él, pero reconocí su cara. No me saluda, qué mal educado. Yo tampoco a él, me da pena no sé por qué. El desayuno del chofer parece que le dio muchos huevos, porque acaba de rebasar a un Mini Cooper muy guapo cerrándosele violentamente. Casi chocamos, parece que no le preocupan sus pasajeros, ni su trabajo, ni su vida; al fin, desayunó una deliciosa torta de huevo hervido y con eso ya puede morir. La joven de ese auto tan estético le mentó la madre con el claxon. Ella también tiene huevos… y poca educación. Nos tocó el alto, y en el carril de a lado hay otro camión con un chofer que saluda al nuestro. Son colegas y amigos. Probablemente ese chofer le pasó el tip de desayunar torta de huevo hervido y tal vez al terminar el largo día manejando vayan juntos por una cerveza. Tengo desde anteayer un antojo grande de tomarme una cerveza. Pero ya estoy a una cuadra de mi bajada. No puedo describirles más, debo estar atenta a pedir la parada. Pero un último detalle: arriba del chofer el camión no dice “Dios está conmigo”, dice “La gente educada baja por la puerta trasera”. Pido la parada y, educadamente, bajo por la puerta trasera.

Observar e imaginar en mi viaje de camión, es de huevos.

Próximo destino

No conozco Disneyland (creo que ni siquiera en mi infancia anhelé con conocerlo). De pequeña visité más sitios arqueológicos que playas y parques de diversión (ahora valoro y agradezco haber crecido con una madre arqueológa, he conocido mexicanos que no saben distinguir la cultura azteca de la maya). El letrero gigante de Hollywood solo lo he visto en películas (y podría morir sin tomarme una foto con ese letrero de fondo)… Y lo que para muchos puede ser una isla estancada en la economía, la tecnología y el tiempo, el último destino al cual viajar en sus planes, para mí es un lugar que se antoja con indescriptibles ganas.
“Próximo destino: La Habana, Cuba.”

“Hay un largo trecho entre ser viajero y turista”

-Jorge O. Aguilar (mi mejor amigo)

Pepperoni…

Pocos probablemente entiendan lo que diré, parecerá seguramente demasiado cursi y dramático para ser real, será tal vez un tanto ridículo para la mayoría… Pero como en esto y muchas otras cosas más, expreso sentimientos escribiendo, los entiendan o no.

Nunca fue para mí un negocio, algo material que vino a mí con dinero, y se iría con lo mismo. Muchos así lo manejan: son un negocio, vienen y van. Convivo un tiempo con ellos –o más bien trabajo– y después cambian de dueño. Para mí es diferente…

Hace aproximadamente 5 años, cuando empezaría en mi vida una nueva y difícil etapa en dos aspectos: papá ya no viviría en casa, y yo estudiaría mi primer año de secundaria en una escuela nueva. Es común que con cambios fuertes en la famosa “edad de la punzada”, ese brinco de pubertad a adolescencia, los problemas en casa afecten en muchos aspectos. Mi padre, tan astuto como siempre, no encontró mejor manera de motivarnos a que esos cambios no nos afectaran en gran medida, le dio al blanco. Las reglas eran sencillas: buenas notas en este primer año en escuela nueva –y sin él en casa que, aunque él no haya mencionado ese punto, sé que así lo pensaba– y tendríamos caballo propio.

Así, un año después, para mi hermana y para mí fue un logro satisfactorio obtener nuestro primer y único (hasta ahora) caballo. Porque aunque nosotras no aportamos económicamente nada para obtenerlo, nuestro esfuerzo en la escuela fue el motor para que esa compra se realizara. Desde que tengo memoria, papá siempre nos enseñó a ganarnos las cosas con esfuerzo, que el dinero no es recurso suficiente para cumplir los sueños o conseguir objetivos. Probablemente, como en la mayoría de los casos en este deporte, habría sido muy sencillo sacar la billetera, buscar el caballo ideal con los accesorios más monos del momento, y pagar. Pero estoy segura que de haber sido así, mi convivencia con el caballo no habría sido tan profunda, tan plena. Papá siempre tuvo otra mentalidad y otro método, antes de darnos algo debíamos demostrarle que nos esforzábamos por obtenerlo, que de verdad lo deseábamos y que le sacaríamos todo el provecho posible. Fuera lo que fuera. A la fecha así funciona el mecanismo en casa, y no tengo la menor duda de que respecto al caballo, está orgulloso del provecho que le sacamos y de lo mucho que aprendimos (y también sabe lo mucho que el caballo nos ayudó a nosotras emocionalmente). Supongo que después esa fue una de las razones por las que significó tanto para mí. Ahora entiendo que, de cierta manera, durante esos años él fue una distracción para mí y para todos esos cambios que en casa estaban sucediendo. Sin saberlo en aquel momento, fue la manera de facilitar las cosas. Lo que cursimente llamaría un apoyo incondicional.

Pepperoni le pusimos. Lo sé, un nombre chusco y para algunos ridículo. La elección surgió un día en casa de papá mientras horneábamos pizzas de pepperoni, y pensé en que su tono alazán tostado era similar al color del pepperoni. Tengo muy grabado en la mente ese día. Era la emoción reciente de que al fin tenía mi propio caballo.

Estuvo conmigo por poco más de 5 años. Bueno en realidad debo decir “con nosotras”, pero le guste o no a mi hermana, durante los últimos 3 años la única que estuvo apegada a él fui yo. Nunca lo describí como el caballo ideal para quien buscara ser el campeón nacional o saltar obstáculos más altos que 1 metro (incluso yo logré hacerlo saltar lo que pocos imaginron. Al principio lo subestimaron). Porque, ni lo compré muy joven, ni era el más dócil en el deporte. Tengo, por ejemplo, muy grabado el día que lo probé (antes de comprarlo). Me costó un huevo –que ni siquiera tengo– lograr que trotara. Lo mismo para galopar. Pero cuando logré esos dos pasos, y después intenté el salto… esa fue otra historia. Fue la decisión final, el punto determinante. Si algo tiene Pepperoni es que me daba día a día un reto nuevo. Nunca fue un animal perfecto que hiciera todo prácticamente solo, que me obedeciera a la perfección y que me costara poco ganar un concurso con él. De hecho era muy flojo, y eso lo hacía lento y bastante terco. Aunque cuando tenía más energía era todo lo contrario, me debía andar con cuidado y siempre a las vivas por si acaso. De repente era muy pajarero y se espantaba hasta con el aire. Si pudiera describirlo en una palabra, diría que es un caballo impredescible. Pero como dije arriba, saltar con él era la sensación más placentera que podía tener durante mis entrenamientos. Es siempre más divertido convivir con quienes te dan batalla, que con quienes controlas por completo, y por eso fue que siempre me mantuvo en constante retroalimentación dentro de lo ecuestre. Y como yo no buscaba precisamente ganar a nivel nacional, ni obtener siempre el primer lugar, sino disfrutar de él y de mi deporte favorito sin presiones externas más que las que yo misma me exigía junto con él, nunca me importó demasiado que no fuera lo que la mayoría llaman “el caballo ideal”. Era más bien, MI caballo ideal.

Tuve también, claro, todo lo que el deporte implica a quienes lo practican. Caídas (literalmente) y triunfos. En innumerables ocasiones más lo primero que lo segundo jajaja. Pero nunca me desmotivé. Nunca fui de esas niñas que si perdían, bajaban llorando y tenían que aguantar el regaño del entrenador y de su padre. Al contrario, me decían en qué me había equivocado, y trabajaba en eso para la próxima ocasión. Y cabe mencionar que eran pocas las veces que no premiaba a Pepperoni con terrones de azúcar, manzanas o zanahorias, aunque el error hubiera sido de él. A final de cuentas éramos un equipo.

Practiqué equitación durante 10 años prácticamente sin parar, ahora estoy en un descanso que espero no dure mucho. La equitación es de los pocos deportes donde se debe convivir con un animal. No solo convivir, sino entenderse y tener química entre el equino y el jinete. Pocos entienden eso. Uno de los “argumentos” más comunes entre la gente ajena al mundo ecuestre es “la equitación no es un deporte. El caballo lo hace todo”. O cosas por el estilo. Es lamentable escuchar eso, porque es fortalecer un estereotipo más dentro de los millones que los humanos nos hemos dado a la tarea de crear. La verdad es que la equitación tiene más chiste de lo que cualquiera imagina, en todos los sentidos. En mente, sentimientos, condición, fuerza, autoridad, confianza, comunicación…

Estas son algunas de las cosas que Pepperoni me dejó, y creo que son bastante valiosas. Como ya dije, la diferencia entre muchas personas que pertenecen al mundo ecuestre, es que yo nunca lo consideré un medio de obtener dinero o premios importantes. Siempre he dicho que llamarle a un caballo “mascota”, es algo casi ofensivo. Y llamarlo un negocio es aún peor. Porque para mí, significó un equipo, un maestro, un alumno, un amigo, una compañía… Y todas esas cosas cursis que se dicen en películas de niñas enamoradas de un caballo noble. Es de las pocas cosas en el cine que considero real: el amor a un caballo.

Pero después de todo este rollo, de una breve historia de mi vida con mi caballo, y la vida de él conmigo, hace falta aún decir lo más importante… Lo que verdaderamente significó para mí tener un caballo, y especialmente a él, fue el hecho de que era la mejor manera de sentirme plena. Plenitud, en la totalidad de la palabra. Paz, libertad, alegría, desahogo. Era en ocasiones un escape temporal (porque a final de cuentas los problemas siempre los enfrenté, pero al instante debía calmarme de alguna manera), era la manera de liberarme cuando lo necesitaba. Fue en la mayoría de las veces mi mejor terapeuta en momentos o días complicados. En mi caso fue un caballo, pero para otras personas puede ser un instrumento musical, un libro, un pincel, una persona, un lugar… Lo importante es que sea lo que sea, son maneras de sentirnos en paz, son esos momentos tan plancenteros por los que vale la pena vivir.

Fue finalmente este fin de semana el primer desprendimiento duro que he vivido. Por supuesto sé que eso no se compara con la muerte de alguien cercano o despedidas más serias, pero para mí realmente significó mucho, y fue difícil. Sé que fue una buena decisión, y que él estara bien, pero nadie ni nada me quitará lo mucho que lo echaré de menos.

He aquí la foto antes de su partida. Sin embargo no la última, porque espero verlo pronto, muy pronto.

Revelaciones divinas

Desde hace unos meses ese tema de la tauromaquia ha estado muy de moda. Sí, solo es eso: moda. De repente todos opinan, todos lo aman o todos lo odian. Es como con la política antes de las elecciones.

Tengo, como cualquiera, mis posturas respecto a estos temas, pero también respeto las contrarias (aunque muchas veces provoquen en mí un sentimiento de cólera que difícilmente logro contener). Y creo que es evidente que respecto al tema taurino, estoy totalmente en contra… de los que están en contra. Por diversas razones, pero la principal, la que la mayoría debate y pocos entienden: porque es un arte. Para quienes, con todo su derecho, quieren mandarme a volar con estas palabras, lo entiendo y no será la primera vez, pero creo que en esto –y muchos otros temas polémicos– hace falta que aprendamos a escuchar o leer con atención y respeto, para poder dejar a un lado nuestras ideas, los estereotipos y nuestras posturas “fijas” pero muchas veces poco fundamentadas.

Pasa como con los que son muy religiosos cuando dicen: “fue un milagro” o “fue una revelación”. Para mí el toreo y el flamenco fueron algo similar. Son cosas que por el contexto de tu comunidad, por la familia en la que creces, por el entorno en el que te desarrollas, por las habilidades y gustos que vas encontrando, por tus amistades… por las cuestiones que sean, se puede tener cierta atracción hacia el tema. Sin embargo, nada sale de lo común hasta que ese interés se profundiza después de una experiencia en concreto, y esas experiencias las he tenido en ambas cosas…

Recuerdo la primera vez que ví bailar a mi maestra de flamenco en una obra de teatro. No tenía más de dos meses que había empezado a tomar las clases con ella, me había gustado empezar con esa actividad, pero jamás pense que llegara a más. Entonces inexplicablemente, me di cuenta que entre el público y viéndola a ella bailar (que prácticamente apenas nos conocíamos) con un vestido con bata de cola rojo con lunares blancos, de repente empecé a llorar. A partir de ese instante supe que, directa o indirectamente, en mayor o menor intensidad, quería que el flamenco siempre fuera parte de mi vida. Ahora es una de mis mayores pasiones, me he ido hasta Sevilla a tomar un curso de verano (algo que jamás antes habían imaginado), y ella se ha convertido en una de mis mejores amigas, le he tomado un cariño y una admiración tremendos… Y, como quien dice, tiene bastante arte bailando, por algo la considero mi primera motivación.

Después de eso claro que tuve momentos similares en ese ambiente… Otra maestra, quien además de bailar es cantaora, me enchinó más de una vez la piel con su cante jondo tan apasionado. Sus palabras en clase no intentaban corregir técnica, sino que tenían toda la intención de contagiar pasión. En Sevilla además hubo dos ocasiones en los que los guitarristas me mantuvieron prácticamente con piel de gallina durante el solo de guitarra completo. Son sensaciones increíbles. Esta fue una de ellas… se nota, ¿no?

…Y respecto al toro, bueno pues hasta ahora han sido tres ocasiones. La primera: mi primer ida a la Plaza México, desde entrar y ver ese ruedo que parecía tan lejano viéndolo desde la entrada, hasta escuchar y sobretodo sentir los olés de una multitud en una tarde con buen cartel. Es una cosa impresionante, y que al menos una vez en la vida se debe disfrutar una tarde de toros en esa plaza. Una buena faena, con la Plaza México llena y su gente  voceando  olés, es una sensación indescriptible. La viví viendo torear al Juli, ahí mismo, arrimándosele al toro como pocas veces me ha tocado ver en vivo. La segunda experiencia: ver triunfar en una novillada a un conocido mío que, por razones específicas, sentí un gusto tremendo por una victoria ajena. Me emocionó, y me transmitió mucho. Y la tercera, la más reciente, tener la oportunidad de presenciar (aunque fueran solo novillos) una noche en la plaza de toros la Maestranza de Sevilla. Aunque las faenas no fueron para hacer historia, mi primera vez dentro de esa plaza es un momento que jamás olvidaré. Como la ciudad entera (Sevilla), esa plaza también emana una sobredosis de arte y magia, y es uno de los lugares más representativos dentro de lo taurino.

Estas, pues, han sido mis “revelaciones” en el mundo del arte de origen español (el toro y lo flamenco), y es por eso que quienes lo han alguna vez sentido así, saben a lo que nos referimos los aficionados cuando decimos “es un arte”, por muy “cruel” que parezca…  Y créanme, si algún día sienten algo parecido en cualquier tipo de arte (porque esto también puede pasar con algo inmóvil como las artes plásticas), sabrán entonces lo que es una revelación más divina que la de cualquier dios.

Sentir el arte. Porque es algo humano, porque por eso y para eso se creó, porque si no se siente no es arte, y si no es arte no se siente. 

-JGB

Escribo…

Los escritores (al menos los de buró como yo) tenemos siempre una gran colección de escritos incompletos, y pasa que llega la inspiración y a la mitad se va, y después pa’ agarrarle de nuevo el hilo a la redacción está en chino! Por eso la mayoría de las veces así quedan, incompletos, esperando que algún día puedan ser terminados o al menos adaptarse a la idea de un texto nuevo.

Como escritora, también sueño con algún día publicar alguna novela, aunque con el tiempo me he dado cuenta que es lo que más me cuesta escribir: historias. Soy bien buena para las críticas sociales, para eso de desahogar mis inquietudes e inconformidades con el mundo, para argumentar (igual que para hablar jajaja solo debato)… pero mi cabeza aún no logra unir hechos sacados de la imaginación que logren envolver como envuelven muchas de las novelas que he leído. Creo que uno de los enormes retos como escritores es cuando lees, y relees, y relees, y relees, y relees… y relees tus escritos y hay algo que no cuadra, que no convence. Pero en fin, supongo que a todos les pasa y que con la experiencia eso va cambiando… y que algún día lograré acabar una novela.

Lo que me gusta de escribir sobre temas sociales es que leer ese tipo de textos te hace cambiar totalmente la ideología, la perspectiva del mundo, te convierten en una persona más consciente de tu entorno y la realidad… Y así como muchos escritores han creado en mí ese interés y esa consciencia, es lo que yo intento hacer con quienes me leen, y espero estarlo logrando desde ahora y seguirlo haciendo siempre. Claro, es increíble entretenerse en mundos ficticios y, como ya dije arriba, uno de mis sueños es algún día crear uno para mis lectores, pero también me parece esencial lo real, lo existente, sobretodo cuando existen tantos problemas en los que se necesita de urgencia más atención de la humanidad entera.

He analizado cómo ha ido cambiando mi trayectoria desde que escribo (que la verdad no tiene más de 2 años que lo hago). Empecé escribiendo cumpliendo con mis ensayos de tarea. Me di cuenta que se me facilitaba mucho y generalmente quedaba encantada con los textos terminados, además de que como pocos compañeros, disfrutaba hacer ese tipo de tareas. Comencé entonces mi carrera como escritora de buró, pasé por tuitera compulsiva, después decidí abrir un blog porque 140 caracteres ya no me eran suficientes y comenzaba a desesperar a mis seguidores. Decidí compartir esos textos en mi cuenta de facebook, y los que eran más breves, en los estados de esa cuenta. Ahora me he profesionalizado un poco escribiendo para el periódico de mi universidad desde este primer semestre de mi carrera, claro, sin abandonar mi blog. Tengo bastantes archivos incompletos aquí (en la cuenta de WordPress), en mi compu y en libretas, que espero algún día poder terminar y hacer con ellos una antología del inicio de mi trascendencia como escritora. En fin… en  poco tiempo he encontrado otra pasión, otro pasatiempo, otra habilidad y definitivamente algo que haré el resto de mi vida y para quienes les late un poco pero no lo han intentado, créanme: escribir es de las cosas más satisfactorias que se pueden hacer, porque leer lo es, y porque compartir lo que se escribe para que los demás gocen leyendo, es todo un placer.

…Además, me gusta pensar en qué será de mis escritos cuando yo muera. Busquen, antes que nada en mi buró. Ahí empieza la historia.

Paso la vida pensando que la vida pasa

El tiempo, como dicen, vuela. Los recuerdos pasan a ser reflejos del pasado que en ocasiones nos dan la sensación de que al mirar hacia atrás, ha pasado un siglo desde entonces. Y otras veces todo lo contrario, que apenas fue ayer… Lo mismo pasa con el presente. Hay momentos que se sienten eternos y otros más que pasan a la velocidad de la luz. Normalmente los primeros son las malas experiencias y los segundos las mejores –o eso dicen y yo así lo he percibido– y nos damos cuenta que el tiempo, a pesar de tener una medida fija, en ocasiones los estándares de esas medidas no resultan muy útiles que digamos. ¿Qué es entonces lo que vale la pena al darse cuenta de la relatividad del tiempo?

Las huellas. Lo que vale la pena son las huellas. Sí, concuerdo en que uno se lamenta cuando los momentos tan buenos parecen pasar tan rápido, pero no podemos hacer nada en contra de eso. El presente se disfruta (o se sufre) y el pasado se recuerda. No importa qué tan rápido pasaron las cosas, todo paso siempre deja una huella. En el caso de las malas, sus huellas se llaman lecciones o en ciertos casos también pueden ser cicatrices, y en el caso de las buenas no sé. La verdad no encontré una palabra adecuada para definirlo, porque creo que eso es todo un conjunto de personas, sentimientos y vivencias que forman la parte alegre de los recuerdos. Yo suelo ir buscando experiencias y personas que me den menos fobias y más filias… La universidad, por ejemplo, ha sido una de ellas junto con mi viaje a Sevilla y las personas con las que he convivido y conviví, respectivamente, en estos dos lugares.

Esta canción inspiró el título de la entrada…

El tiempo es una de las cosas importantes que nos quedan

-Salvador Dalí

…Y hay que aprovecharlo

Mi México chulo

El poeta Federico García Lorca alguna vez dijo que había en el planeta solo dos países con duente: México y España… En otra ocasión, Dalí expresó su poco gusto por volver a visitar México, porque no podía creer que existiera un lugar más surrealista que sus cuadros.

Para aquellos lectores que no sean de la misma nacionalidad que yo, este 15 de Septiembre se conmemora la Independencia de México, y quiero aprovechar la fecha para escribir.

 

Para los mexicanos:

Me resulta en ocasiones difícil coincidir con esa idea de que los mexicanos no tenemos un espíritu nacionalista como lo tienen en muchos otros países, y la verdad es que no sé con certeza si eso sea verdad. Porque en lo personal, es un amor inmenso el que le tengo a mi México, pero no sé si soy yo el ser extraño que siente eso, o si más bien la mayoría de los mexicanos comparten el sentimiento. Con frecuencia todos nos quejamos la política del país, de su educación, de su economía, de su ejército, incluso secundamos cada una de las críticas que desde otros países hacen hacia el nuestro. No digo que se hablen de problemas falsos, porque esos problemas existen y porque son aspectos sociales muy importantes, pero si ni los mismos mexicanos no nos alentamos, ¿quién entonces lo hará? Creo que nos hemos ganado con el sudor de nuestra frente el estereotipo del mexicano pesimista. Me parece increíble, que siendo uno de los países más ricos en muchos aspectos, no seamos a veces capaces de quererlo lo suficiente para tener la preocupación de hacer algo al respecto y darle un empujoncito hacia adelante dentro de lo que está en nuestras manos, ni tampoco de apreciar lo bello que es y que en ocasiones, desgraciadamente, un extranjero lo elogia mucho más que el propio mexicano. Me parece muy desalentador, que los problemas sociales, la pobreza extrema, la corrupción, la ignorancia, el analfabetismo, la delincuencia, no sean temas que le partan el alma a todos al verlos tan frecuentemente en México, y que es tanta la frecuencia, que ya pasan desapercibidos. Esos problemas y esa belleza que pasa desapercibida frente a los ojos de aquellos mexicanos que están hartos y desesperanzados. Como mexicana pienso que lo que hace falta para impulsar cualquier cambio social, es el amor verdadero para nuestro país.

 

Para los no mexicanos: 

Pero México, también tiene el otro lado de la moneda. Lo que no se dice en la tele, lo que no se lee en periódicos, lo que no implica desgracias, violencia y pesimismo. México tiene más de qué elogiarlo que de qué criticarlo, y es lo que quiero contagiar.

Este verano –el mejor de mi vida–, el cual pasé en Sevilla, mis amigos (algunos españoles y otros de otros países) me preguntaban “¿cómo es México?”, y me resultaba difícil definirlo. La mayoría de las veces respondía con un profundo suspiro y una frase muy breve: “Uy! Es hermoso!”. Estando en una ciudad como Sevilla, se llega a creer que no existe ciudad más bonita, pero después me acordaba de todo mi país. Lo bonito de México, para quien no lo conozca, no son los lugares. Quiero decir, claro que tiene ciudades y paisajes como pocos en el mundo, pero lo verdaderamente maravilloso de México, son las peculiaridades de cada uno de esos lugares, el conjunto de ellas… ES LA ESENCIA. Aquel duende del que hablaba Lorca, y aquel surrealismo del que se sorprendió Dalí. México es COLOR, alegría, sabores, olores, música, su gente, su naturaleza, su historia, su riqueza cultural. Nunca he visto en el mismo lugar tanta variedad junta: la de los dulces mexicanos, las especies de chiles, los tacos, los platillos, las artesanías, los bailes, los dialectos, los accesorios, las joyas, la comida chatarra, las bebidas, los juguetes artesanales, las prendas indígenas y sus bordados, los paisajes, la población, incluso el clima… El mundo es diversidad, pero en cuanto a eso, México es un mundo aparte. Visítenlo, porque se llevarán una gran sorpresa al ver que no todo es droga, violencia y corrupción. Una disculpa, pero no puedo responderles la pregunta inicial de este párrafo, porque hace poco escuché que Sevilla no hay que verla, hay que vivirla, pero México… México no se explica, se siente.

 

Felices fiestas patrias para los mexicanos y… QUE VIVA MÉXICO!

Díganme si esto no es diversidad, color y alegría? El vestuario de México en la inauguración de London 2012 fue muy criticado, a mí me pareció espectacular.

QUITÉMONOS AÑOS

Quitémonos años… No me refiero a que digan que tienen 30 cuando en realidad su edad es de 40 (y a veces hasta parecen de 50). Quitémonos años en la mente.

Hay personas muy inteligentes, hay personas muy dedicadas, hay personas muy formales, hay personas muy trabajadoras… pero el que es creativo, se las ingenia siempre para cumplir todo lo anterior. La verdad es que la creatividad puede llegar a ser una de las cualidades más valiosas en cualquier cosa. Me atrevo a decir que es, en efecto, la más valiosa y también la más divertida. De alguien (uno de los creativos más admirables que conozco) escuché que pensar como niño, imaginar como si tuviéramos 5 años, es la mejor manera de ser creativos, y la más efectiva.

Fue ahí cuando comprendí: “Sacar el niño que llevas dentro es mucho más útil de lo que imaginamos!!!”, y es algo que, desgraciadamente, los adultos siempre olvidan. Crecemos y las cosas empiezan a darnos pena, nervios, estrés, inseguridad, desconfianza. Todo es “grave”, todo es “muy importante”, y no nos damos cuenta que le estamos quitando la diversión a las cosas.

Me ha tocado convivir con muchas personas en clase que me sorprenden mucho, no sé cómo lo logran. Entregan siempre los trabajos a tiempo, son expertos siguiendo instrucciones al pie de la letra (cosa que a mí me cuesta demasiado), organizan a la perfección su tiempo distribuyendo respectivamente obligaciones y pasatiempos, jamás procrastinan porque no quieren que “les agarren las prisas” (cosa en la cual sí soy experta), siempre están APARENTEMENTE en paz porque ya adelantaron todas sus obligaciones, no hacen una sola línea sin regla (aunque la regla sea su credencial), escriben sus notas con al menos dos colores distintos de tinta, y si cometen un error al escribir más vale arrancar la hoja en caso de que no haya corrector a la mano… de verdad me impactan, todo les queda bonito, en tiempo y forma. Es sorprendente. Pero de repente llega alguien y les dice, “haz ahora algo nuevo: actúa, dibuja, habla, expone, CREA, canta, baila, ríe, IMPROVISA”. Entonces se quedan estupefactos con cara de “qué pedo este wey me está pidiendo que improvise, NO MAMES qué hago??? (no estudié ese tema, no lo preparé, no hice ningún borrador, no practiqué frente al espejo!!!!!)”. Ok, corrijo, esas personas tampoco suelen usar muchas groserías en su vocabulario. Tal vez estoy exagerando, pero ser creativo es eso, innovar, experimentar, improvisar, y no importa si las cosas no salen perfectas, pero basta con disfrutar lo que haces.

La vida NO es tan seria como creemos que es, y las cosas no salen tan mal si hacemos un mapa conceptual sin regla, o tachamos los apuntes con rayones quitándole toda la limpieza a la página. Hay veces que con esas imperfecciones el trabajo es aún admirable, la gente es más capaz por lo que tiene en la cabeza que por lo ordenado de su cuarto o lo impecable de su apariencia. En otras palabras, el contenido creativo de tus proyectos vale más que los colores, el tipo de fuente y si agregaste o no números de página. CREEME! Y eso no quiere decir que seamos informales, mal-hechos e irresponsables. No quiere decir que perdamos los pies del suelo, quiere decir que las cosas se deben tomar más a la ligera, hay que gozar más y sufrir menos. HAY QUE PENSAR COMO NIÑOS, ser CREATIVOS, hacer garabatos abstractos, letra fea pero obras maestras, y así, darnos cuenta que la vida… NO ES TAN SERIA como creemos que es. 

Manchémonos la ropa, que la pintura se quita.